El país de las maravillas

Igual el pinto que la colorada

Por la tarde, uno de mis amigos compartió en Facebook una caricatura en la que un tipo de lentes trae un paraguas que dice “Escepticismo”. Con él se protege de toda clase de sandeces: “ley de la atracción”, “noética”, “parches milagrosos”, “ayurveda”, “flores de Bach”, “orgones”, “santería” y otras estupideces del mismo jaez.

Pensé por un segundo: pobre tipo. Pero de inmediato me asaltó la realidad: ¿pobre tipo? ¡Pobres de nosotros los ciudadanos! Quisiéramos un paraguas que dijera lo mismo, “Escepticismo”, y quisiéramos que nos protegiera de las tonterías que excretan los aspirantes a cargos de elección popular, de las envidias que les salen a flor de piel a políticos de todos los partidos; que nos cubriera de los procesos de unidad, de las denuncias internas, de las patadas bajo la mesa, de las regulaciones electorales que valen para puro sorbete.

¿Usted cree, en verdad, que alguno de los montones y montones de candidatos y candidatas dice la verdad y se la rajará por sus votantes a la hora de la hora? Si responde que sí, tengo una torre Eiffel en Francia que me gustaría ofrecerle a precio de ganga. O ya de perdis el auténtico cráneo de Pancho Villa cuando tenía diez años.

Todos esos políticos chapulines que acaban de aventar el arpa en busca de un hueso más sustancioso y que se llenan la boca de críticas contra el otro partido y de promesas de que ahora sí ellos se encargarán de que tengamos seguridad, de tapar los baches, de que vivamos en un estado o una ciudad de primer mundo, todos ellos son los primeros que dirán cínicamente que no pueden hacer nada de lo prometido porque la oposición les cierra la puerta, o porque la Federación no envía el dinero, o porque las prioridades son otras, o lo que sea.

Hablando en plata, más allá de las defensas imprescindibles como la de paridad de género, yo diría que la política que se practica en estas latitudes ya logró una homogeneidad formidable: da lo mismo hombre que mujer, tricolor que azul que verde o que (¡ja!) turquesa: todos los aspirantes a cargos de elección están cortados por la misma tijera y nos darán los mismos resultados.

A menos que les pegáramos un susto con alguno de los dizque independientes. Pero hasta de eso tengo mis serias dudas. ¡Quiero mi paraguas!

horacio.salazar@milenio.com