El país de las maravillas

Escrituras en disputa

Hace unos días, vecinos de la colonia Tierra Propia, en Guadalupe, llegaron a quejarse al Congreso. ¿La razón? Según dijeron, el candidato del PAN a la alcaldía, Alfonso Robledo Leal, les había prometido gestionarles gratis sus escrituras, para que al fin hicieran honor al nombre de la colonia. La promesa la hizo en diciembre pasado, cuando él aún era diputado local.

Los ilusionados vecinos estaban listos para cantar a voz en cuello los méritos del panista, cuando se toparon con la realidad: les iban a cobrar por la escrituración una cifra que ellos difícilmente podrán ver junta. Tenían que pagar por sus escrituras.

Estaban muy indignados. Salieron a relucir algunas lágrimas, y muchos del público, movidos por las imágenes de señoras y abuelitas desilusionadas, pensamos que aquella había sido una jugada muy sucia.

Robledo Leal, interrogado al respecto, dijo que él no había prometido escrituras gratis; lo que había ofrecido era regularizar sus predios. Se suponía que los vecinos pagarían las dichosas escrituras, pero no los predios.

El candidato dijo que cada vecino debía pagar 13 mil pesos con facilidades. Los gritones manejaron cantidades entre 30 y 40 mil pesos.

Representados por un abogado, los colonos dijeron que se presentaría una denuncia en materia político: o nos cumple o nos cumple.

Cuando vi eso en televisión, recuerdo haber pensado: ¿cómo podía ser posible que un diputado local pudiera gestionar que unas decenas de personas tuvieran el derecho a un predio que obviamente no pagaron? Qué cochinada.

Pero la cosa era aún más cochina, al parecer. Ayer salió el diputado priista José Juan Guajardo con papeles que prueban que las gestiones de regularización las inició el actual alcalde de Guadalupe desde junio pasado. Al parecer, lo que se les gestionó fue exentarlos del ISAI y los recargos, y sólo debían pagar un simbólico peso.

La cereza del pastel es, por supuesto, la visión benefactora del proceso electoral. Los políticos ya saben que la receta es dar, dar, dar. Y entre el no siempre tan respetable, la receta es recibir, recibir, recibir. Mucha lágrima para decir que, en el fondo, como son pobres, querían sus títulos de propiedad sin pagar ni el terreno ni la escrituración. Creen que eso vale su voto. No se vale.

horacio.salazar@milenio.com