El país de las maravillas

Deseos incompatibles

Hace no muchas lunas leí en uno de tantos libros la descripción de una escena tierna.

Van al cine la abuela, la mamá y el hijo, y empieza la discusión.

-Pues ya llegamos -dice la mamá-. ¿Qué quieren que veamos?

-Yo quiero ver una de terror

-dice la abuela, con una mirada vesánica y frotándose las manos.

-¡Ay, mamá! Ya vas a empezar con tus loqueras. ¡Mejor vamos a ver una romántica! -responde la mamá, los ojos perdidos.

-¡¿Qué?! -dice el hijo, con cara de fuchi-. ¿Qué les pasa? Ya pusieron Mad Max: Furia en el camino. ¡Pura acción y adrenalina! Hagan de cuenta el proceso electoral del que nos separan ocho días. ¿En qué se parece esta escena a las elecciones? Obvio, ¿no? Cada una de las partes implicadas quiere algo, y aquí tampoco hay coincidencias.

1. ¿Qué quieren los candidatos? En el fondo de su corazoncito, todos quisieran ganar, porque se metieron a la política para eso, para buscar el poder en varios niveles.

Y aquí entran los matices.

Aunque todos dicen que van a ganar, en realidad se dividen en varias ramas: los que tienen buenas posibilidades de llegar, los que dicen que ganarán aunque en su fuero interno lo dudan, y los que dicen que todo es posible a sabiendas de que ni con la lámpara. Pero con todo y variantes, todos quisieran ganar.

En otro ramal secundario entran los que, conscientes de sus pocas posibilidades, buscan una alternativa: unos hacen alianzas para así ganar aunque sea una cuota de poder, y otros sólo quieren que no gane uno de sus adversarios.

2. ¿Qué quiere el gobierno? Que haya pocas olas, que el proceso salga con visos de legalidad y que no haya persecución posterior.

3. ¿Y qué quiere la gente? Algunos, como su experiencia ha sido que es tan malo el pinto como el colorado, quieren ver qué sacan durante el proceso: de nada a una despensilla, pues venga a nos tu reino. Otros quieren democracia, aunque no tengan tan claro qué significa eso y cuánto cuesta. Otros quieren votar por el menos peor.

O sea que entre candidatos, votantes y gobierno hay deseos incompatibles. En la escena que conté al principio, la solución fue que cada quien se metió a ver la película que quiso, y todos contentos. Pero en la elección estamos fritos: habrá una sola película, así que lo más probable es que todos salgan enojados.

Huy.


horacio.salazar@milenio.com