El país de las maravillas

¿Comparecer o no comparecer?

La pretendida disposición del Congreso mayoritariamente partidista y del gobierno pretendidamente independiente de trabajar juntos por el bien de Nuevo León se está topando con las terquedades de una realidad que los mantiene enfrentados y de la greña.

El miércoles, el gobernador Jaime Rodríguez dijo que le parecían un mal principio las modificaciones al artículo 63 de la Constitución de Nuevo León, y sus críticas tenían algo de razón.

Si el Congreso tiene facultades para convocar a funcionarios a dar cuenta de sus actos, ¿por qué la reforma que al fin se publicó se reduce a secretarios del despacho del Ejecutivo, titulares de secretarías, de la coordinación ejecutiva, de los organismos autónomos?

¿Por qué no se incluye a jefes de otras instancias públicas como la Universidad Autónoma de Nuevo León? ¿Por qué no se incluye a los propios legisladores? ¿O acaso ellos (y ellas) son blancas palomitas? En lo que tiene razón el jefe del Ejecutivo es en que tales convocatorias tendrían que estar minuciosamente reglamentadas.

De otro modo, bastaría cualquiera de esos legisladores patito para paralizar el trabajo del Ejecutivo a base de convocatorias, vengan o no al caso. Y la historia reciente nos dice que los legisladores no están precisamente ocupándose de su función primaria, porque esos cerros de expedientes por revisar nomás no disminuyen.

Lo que parece raro es que la reforma se haya publicado, y más los términos en que se publicó.

La primera parte es directa: dice que los funcionarios mencionados "acudirán al Congreso para informar sobre asuntos de su competencia cuando sean requeridos por éste". Esto es claro. Pero la parte siguiente condiciona las comparecencias, indicando que los legisladores podrán citar a los funcionarios "cuando se discuta una iniciativa de ley o decreto que le (sic) concierna".

Ahora, que alguien me explique, por favor, por qué diablos tendría que haber comparecido el procurador para hablar de su relación con casinos del paraíso del jugador. O alguien dígame por qué tuvieron que citar a la secretaria de Educación para que "explicara" los dobles sueldos. Tanto en el caso del procurador como en el de la secretaria, los diputados tienen acceso a información para enterarse sin tener que buscar comparecencias.

La verdadera razón detrás de este circo de dos pistas es que tanto al Ejecutivo como a los diputados les encanta el tingo lilingo y quieren exposición pública. Mejor cumplan lo prometido y pónganse a jalar.


horacio.salazar@milenio.com