El país de las maravillas

¿Ciudadanos libres?

Jaime Rodríguez Calderón estaba tan contento con haber logrado su aprobación como candidato independiente que luego se fue de la lengua. Dijo en particular dos cosas que, la verdad, brincos diéramos porque fueran ciertas.

Primero: “Hoy se declara la independencia del estado de Nuevo León respecto a los partidos políticos”. ¿Cuál independencia? Nuevo León como estado sigue amarrado a las estructuras electorales que privilegian a los partidos políticos, aunque éstos hayan degenerado hasta convertirse casi en meras agencias de colocación de políticos.

Que en el próximo proceso electoral vaya a haber otras opciones es, ciertamente, un logro histórico, pero más que nacer de la confianza en una ciudadanía más bien apática y timorata, es fruto del hartazgo universal frente al cinismo partidista.

Su segunda declaración apunta a que hoy los ciudadanos de Nuevo León son libres. ¿Libres? En cierto sentido siempre hemos sido libres. Pero en los sentidos que cuentan, en los sentidos importantes, estamos más amarrados que el estado.

¿No me cree? A ver, dígame: ¿cómo le hacemos para echar de su cargo a un diputado haragán y cínico? ¿A un funcionario de primer nivel que pruebe ser inepto? ¿A un corrupto? ¡No podemos! En unos casos por el fuero, en otros porque las estructuras necesarias para defenestrar a un maletón están mediadas por, adivine, los partidos representados en el Congreso.

¿Libres? Libres los diputados, que se decretan su aumento de sueldo, que temen ofender a Cuba por no aceptar una invitación a visitar la isla, pero se pasan por el arco la posibilidad de ofender a sus propios representados. Libres los funcionarios que, luego de demostrar el haber llegado a su nivel de incompetencia, son enrocados a otras partes para seguir aprendiendo.

Algo que sí es cierto y que también dijo El Bronco es que los partidos políticos de momento tienen miedo a enfrentar a los ciudadanos independientes, pero eso es algo temporal, mientras le agarran la onda al asunto de las redes sociales (que tampoco es hacer gordas de harina).

Lo que aplaudo de muy buena gana es la sacudida del tapete. Ojalá que la ciudadanía en verdad llevara a un independiente a un cargo importante. Ojalá transitáramos hacia una auténtica rendición de cuentas. Pero mi segundo nombre es Santo Tomás. Ya veremos.

horacio.salazar@milenio.com