El país de las maravillas

"El Bronco": un año de más sombras que luces

Decía mi tío César que no hay granuja que no sea simpático. Yo pensaba en mis amigos simpáticos y no les veía el lado perverso. Y es que yo era un ingenuo. Pero no me acordaba de las palabras de mi tío el año pasado, cuando me pidieron ir a aprender lo posible de un congreso de comunicación política. El encargo traía pilón, porque ahí participarían Jaime Rodríguez Calderón y su estratega de campaña, Memo Rentería.

Me tocó ver a El Bronco en la sala de espera del aeropuerto de Monterrey, y viajar en el mismo vuelo hasta Santo Domingo. Así que me pude acercar a él y a su equipo, y hubo ocasión de escuchar en el trayecto, pues Jaime Rodríguez comparte con los políticos el gusto por ser escuchado.

Conocí pues a un político satisfecho, orondo, recién bendecido por el voto nuevoleonés. Y me pareció muy simpático. Le dije que si podía entrevistarlo y me dijo que sí, y cuando le pedí unas palabras en video para invitar a la raza a dar su apoyo al Cancerotón no titubeó.

Ha pasado más de un año y El Bronco, tras la cruda de una elección sin precedentes, la realidad se impuso, y el político aprendió y probó que es más fácil prometer que cumplir.

Gobernar Nuevo León no son gordas de harina. El estado es pujante, ambicioso y poderoso, pero a la vez desigual, mocho y clasista. El gobernador ya supo que los votos que lo llevaron al cargo no sirven para malabarear recursos y repartirlos bien entre mil necesidades urgentes y prioritarias.

Rodeado de una corte halagüeña, El Bronco ha dejado ver más las costuras que el talento. De la mano de Fernando Elizondo, acaso su único logro en verdad presumible sea la austeridad con la que han logrado reducir el costo de gobernar Nuevo León.

Yo no creo en las promesas de El Bronco. No creo que sea el peor gobernador que hemos tenido, pero ciertamente tiene mucho que mejorar. Me apena ver cómo se erosiona su capital político por cacahuates: unas cobijas rascuaches se están convirtiendo en su Waterloo.

De veras, ojalá que depure su operación y siga ejerciendo el poder de formas novedosas, porque eso merece Nuevo León, y porque creo que él tiene las luces para ver más allá de las candilejas y para querer dejar al estado más que una lección sobre cómo ganar una elección... y perder desde la gubernatura hasta los sueños guajiros en pos de Los Pinos.

horacio.salazar@milenio.com