Con todo respeto

Una de tantas

En algunas de las historias recientes sobre accidentes aéreos, curiosamente, han convertido a sus pilotos o copilotos en responsables de los hechos. A decir de algunos, esto responde al interés de consolidar a la seguridad aérea desde la perspectiva de la ingeniería aeronáutica “buscando salvar su pellejo“ por encima de la integridad humana en la figura de sus pilotos.

Tal es el caso del fatídico accidente de los Alpes Franceses, ocurrido hace unos días, sobre el cual, a menos de 36 horas de los hechos se han atrevido a decir que el copiloto del avión “hizo descender la nave deliberadamente contra el terreno a su paso“ y ello, también, “luego de encerrarse“ en la cabina del avión.

Sin duda, la versión resulta de suma impacto por diversas razones: en principio, con tan sólo imaginar esa sucesión de hechos, y en segunda instancia, debido a que la versión de los hechos la dio un vocero oficial que dijo haber escuchado la grabación de la caja negra del avión.

Asimismo, a partir de estos hechos, han surgido nuevas versiones oficiales sobre lo que habría ocurrido durante los últimos minutos durante el vuelo de German Wings: que tras alcanzar “la altura de crucero“ (que es la altura horizontal máxima que alcanza un vuelo comercial, alrededor de los 10 mil metros de altura, después de despegar y antes de aterrizar) el piloto del avión salió de la cabina para ir al baño y que “desde el baño“ logró notar que la nave iniciaba una operación irregular, por lo que regresó a la cabina, misma que se encontraba cerrada “desde adentro“, por lo cual comenzó a tocar la puerta sin obtener respuesta. Y debido a que “la operación irregular“ continuaba, comenzó a tocar más y más fuerte sin respuesta. Así transcurrieron varios minutos de los 8 que duró el episodio, del cual también se dijo que el piloto de la nave habría intentado abrir la puerta de cabina con un hacha del propio avión cuando devino el choque contra la zona escarpada de los Alpes, a mil 800 metros sobre el nivel del mar, y a más de 650km por hora, haciendo añicos el avión y acabando con la vida de más de 140 pasajeros y sus 6 tripulantes, de donde más de la mitad resultarían de origen alemán; la segunda mayoría españoles, el resto mundiales y; dos mexicanas, una de ellas con la nacionalidad, también, española.

De esta manera, hasta ahora, han querido decir que un hombre de 27 años, con 600 hrs de vuelo y varios años de copiloto, de súbito, ante la insospechada oportunidad que se le presentó, en un vuelo de menos de 2hrs y luego de 40 minutos de haber despegado, sencillamente resolvió que esa era la “ocasión que estaba esperando“: estrellar un avión repleto de pasajeros, y tomándose su tiempo para ello; 8 minutos, con todo y que, además, han dicho que durante ese tiempo, la “grabación de la caja negra“ hasta deja escuchar su respiración, la cual, se oye sin sobresaltos, aún antes del impacto. Visto y dicho así, no cabe duda, ¿quién no podría decir?: “era un loco de lo peor. Hasta tenía control de sus respiración y ritmo cardiaco... Claaaro, así son los que estrellan aviones en pleno vuelo“.

Y para apuntalar las impresiones del respetable público, no ha faltado el curioso flujo continuo de la información del caso: allanar su casa y la de sus papás para buscar, o mejor dicho, para “encontrar“ la evidencia necesaria: la información sobre su depresión por haber roto con su novia, así como un tratamiento psicológico que hasta advertía de su “perfil suicida“ que la propia aerolínea habría callado... ahora resulta, no?! Y mientras tanto, el hombre está muerto y ni quien ni qué lo defienda. Ello sin mencionar que, hasta ahora, a nadie nos han presentado el audio original de la tragedia, ni tampoco un estudio que de muestras de la salud mental de quienes han creado esta historia.

Pero ¿qué podrían estar ocultando? Algunos dicen que “la baja confianza“ en las aerolíneas de bajo costo, como German Wings, filial de Lufhansa, que para ese vuelo, por ejemplo: vendió sus asientos a $650 pesos mexicanos, para un vuelo de distancia y duración semejante a un viaje México-Cancún, que en una línea, no de bajo costo, tiene un precio de 7 a 10 veces más en nuestro país.

Hablando de México, por ejemplo: en recientes accidentes aeronáuticos que, además, han involucrado personalidades de alto rango del Gobierno Federal, como los accidentes donde perdieron la vida, entre otras personas: Ramón Martín Huerta, Secretario de Seguridad Pública Federal del gobierno foxista, José Camilo Mouriño, Secretario de Gobernación calderonista, Francisco Blake Mora, (también) Secretario de Gobernación de Felipe Calderón, el primero y último muertos en accidentes de helicóptero, y el segundo en una avión tipo Lear Jet, en todos esos casos, se ha hablado de la falta de pericia de sus pilotos o copilotos, con todo y que, a su vez, eran los mejores para tener en sus manos la seguridad y vida de hombres con tales responsabilidades y fuero gubernamental.

Algunos dicen que, entre que son peras o manzanas, las primas económicas que pagan los seguros o los gobiernos a familiares por victimas de aeroaccidentes resultan tan atractivas como irrechazables. Y que en los casos mexicanos, como eso, de paso, ayuda a eludir responsabilidades sobre el perfecto estado de las aeronaves, pues de paso se pagan por ahí, otras cosas más que siguen sumando lo necesariamente irrechazable de “esas primas“, así sea pasando por encima de la dignidad de pilotos y copilotos.

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