Con todo respeto

Una realidad de peso

En la última década se ha hablado de un serio problema de salud que tiene a una importante mayoría de personas con problemas de obesidad a consecuencia de una sola cosa: la comida chatarra que las autoridades han permitido que se vendan en cualquier parte

En tanto, como pocas veces en su haber, México logró colocarse en el primer lugar de un ranking mundial en algo, en este caso, en materia de obesidad poblacional. Y es que a pesar de que anteriormente recién habíamos alcanzado el tercer puesto en ese rubro, esa señal no fue valorada, pues hace dos años, no solo alcanzamos el primer lugar con la población mas obesa, sino que, también, nos convertimos en el país con la ciudad capital que tiene el mayor índice de obesos entre su población infantil.

Pero ¿cómo hemos llegado a ésto? Muy fácil: primero, como resultado de una fatídica combinación de características y costumbres: una sociedad hambrienta, con antecedentes de desnutrición, de escasos recursos económicos y de nula cultura alimentaria; que, mezclado con que las autoridades han permitido una incontenible presencia de productos chatarra en la calle, la oficina, las escuelas, el metro y hasta en la casa mediante la publicidad televisiva, da como resultado este enorme entuerto, ahora convertido y aceptado como problema de salud nacional.

Sin duda, ahora la gente se pregunta: ¿y dónde han estado las autoridades y los responsables de la políticas públicas a favor de la salud de los mexicanos? Probablemente, cobrando sus rentas o preguntándose cómo fue que nos ocurrió esto.

Y es que el problema de salud pública se ha vuelto tan grande que, además del costo en vidas humanas ahora la atención médica de estos problemas ha superado el presupuesto anualizado poniendo en crisis la capacidad de atención de los enfermos, en  los centros de salud gubernamentales... Y lo que es peor, queriendo hacerle creer a la gente que lo que se comen no solo es por su gusto, sino en todo caso, bajo su propia responsabilidad.

Para muestra un botón: según algunas organizaciones de salud con reconocimiento nacional e internacional, en México las enfermedades del corazón asociadas al exceso de peso están cobrando cada vez más vidas en la sociedad mexicana. Y es que, a decir de especialistas: diabetes e hipertensión se han convertido en el coco de la obesidad nacional donde entre cada millón de fallecimientos por problemas afines, el 50% están vinculados a ese trio mortal de enfermedades.

Asimismo, entre los datos que han convertido a México en el número uno del mundo en población obesa: adulta e infantil, los principales indicadores señalan que la dieta promedio del mexicano esta basada en harinas y bebidas gaseosas, evidentemente, consumidas en exceso.

Y ¿de qué tipo de excesos hablan? A decir de los que saben, por citar a uno de ellos, en México se beben cerca de medio litro de bebidas gaseosas diariamente por persona, y ello a partir de que México tuvo como presidente a un exgerente de una de las refresqueras mas grandes del mundo: Vicente Fox.

Sin embargo, lo que más preocupa a los especialistas es el tema de la generación de infantes que, casi dogmáticamente, están aprendiendo a consumir comida chatarra en un entorno calificado como obesigénico -es decir: influido, ambientalmente, para el consumo de alimentos de alto valor calórico- en el cual los padres de familia, acusan, se han convertido en segundos responsables de este tipo de epidemia, después de autoridades y fabricantes de dichos insumos, al convertirse en los otros promotores de tales conductas alimentarias, y ello como resultado de la falta de tiempo para preparar comidas o lonches más adecuados y, especialmente, influidos por el lado práctico que ofrecen los alimentos chatarra, tanto para su adquisición como para su ingesta: rápido y sabroso.

Empero, mientras la llamada ley antiobesidad se cumple a cabalidad, por lo pronto están dejándole a los padres la opción de mandar a sus hijos a la escuela con el chatarrilunch bajo el brazo, pues para eso, hasta ahora, no hay ley que lo prohíba, y si importantísimos intereses que, difícilmente cederán ante la simple oferta de un pacto político-comercial.

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