Con todo respeto

De misterios me como un taco

Han pasado 20 días y la desaparición de un Boeing 777, con mas de 200 pasajeros, sigue siendo un misterio en todos los sentidos, al menos en términos de la información que continuamente están emitiendo los voceros oficiales de estos asuntos a nivel internacional.

Pero, ¿de qué estamos hablando cuando decimos “el misterio del triple siete”? En principio, de la insospechada desinformación que ha generado un evento de tales características. Y es que hablar de que un avión comercial, con 239 pasajeros que desapareció de súbito de los radares tras despegar en Kuala Lumpur, es mucho decir, pues para cualquiera es verdaderamente increíble que con los avances tecnológicos, propios de la época en que vivimos, así como de las certezas que en materia de seguridad ofrece la aeronáutica internacional, que hasta resulta incómodo aceptar que nadie puede asegurar qué pasó con el avión… o lo que es peor: que nadie pueda creer en lo que se informa.

Todo comenzó cuando 24 horas después del despegue del avión, se informó que se había perdido la comunicación con él y con lo último que se sabía se presumió que “probablemente” había cambiado de rumbo, y hacia un destino desconocido, también. Horas más tarde, se dijo que un par de pasajeros habrían abordado con pasaportes falsos, lo que en primera instancia alertó sobre la posibilidad de un atentado. Asì, y ante la ausencia de hallazgo alguno o restos del avión, se filtraron versiones en el sentido de que quizás, el avión había sido secuestrado, con todo y sus pasajeros, para llevarlo a algún lugar desde el cual presumiblemente, estarían planeando un atentado con él al estilo de lo que vivimos hace más de 12 años en Nueva York. Tres días después, versiones oficiales notificaron del avistamiento de lo que podrían ser restos del avión sobre el océano índico, y al otro lado de donde estaban buscando, lo que entre otras cosas obligó a los voceros del tema a construir tan nuevas como débiles argumentaciones de cómo habría llegado hasta ese punto el avión. De esta forma, fueron más de tres las versiones de restos del avión y en distintos lugares, aunque todos los ubicaron sobre el mar.

Como es de imaginarse, con tantos ajustes a las informaciones dadas, y habiendo transcurrido casi una semana de la inexplicable desaparición, los familiares de los pasajeros ya estaban inconsolables, pues a decir de la mayoría “no era justo que cambiaran las versiones a cada rato”. Ante ello, ciertamente nos encontramos en uno de los casos más controversiales de un aeroaccidente considerando que en la mayoría de ellos, máxime en los tiempos recientes, el control informativo había sido incómodo y hasta doloroso, pero nunca había puesto en duda su propia reputación. Una reputación de orden internacional, entre otras cosas. En su caso, vale la pena recordar la desaparición de un avión de Air France que permaneció un año despaparecido, y aún cuando lo encontraron tardaron oootro año en sacarlo a flote. Empero, tal caso, nunca puso en tela de juicio la confianza en la aeronáutica, y aunque los deudos vivieron momentos asiagos, hasta ahora la han pasado peor los del avión de Malasia.

En este caso, llama la atención, entre tantas rarezas, la forma en que han dejado fluir la información abriendo tantos riesgos y cambiando tantas versiones. Para nadie sería una sorpresa saber que cuando se investiga un accidente aéreo las informaciones resulten tan cambiantes, pero si es extraño que en este caso los constantes cambios sean de orden público y, por consiguiente, estén cosechando una retaila de dudas más que de certezas, y no solo en la opinión pública sino, especialmente, en el grupo social más afectado por esta historia: los familiares que en medio de su desgracia, por decir lo menos, simplemente no han sido tratados con el respeto y seriedad que merece la situación por la que atraviesan.

Entre otras cosas, vale la pena revisar el tema sobre las suspicacias existentes en torno a la desaparición de uno de los aviones más grandes de la compañía Boeing como un recurso para atentar con él, ya sea saboteando su vuelo o bien haciendo uso de él como un instrumento para hacer daño a quien fuere. En el primer caso, sin duda, ya habríamos conocido sus consecuencias, por lo que, en todo caso, quedaría abierta la especulación sobre el uso que podrían dar al avión en caso de “haberlo robado” nada más. Sin embargo, aún así, la otra pregunta no solo es dónde está el avión y qué planean hacer con él, sino: dónde están los 239 pasajeros y qué planearon hacer con ellos… suena muy grave, no?

Ante ello, curiosamente, en las últimas horas, se han hecho nuevos anuncios sobre destino del avión, donde el que más llama la atención es el que hiciera la aerolínea al dar por accidentado al avión, a pesar de no haber ofrecido ninguna prueba para ello. Y es que de tal forma, tal parece que estarían buscando aceptar la tragedia de menos gravedad para la aeronáutica en general, antes de reconocer no solo que alguien más tiene en su posesión el avión, sino echando por debajo la idea más incómoda: que un avión pudiera ser tomado, deliberadamente, por uno o dos o más personas, para satisfacer sus intereses, así sea para estrellarlo sobre el mar o ante un lugar determinado y convirtiendo a sus pasajeros en mártires de las injusticas del mundo.

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