Con todo respeto

Ni quien diga que no

En los últimos 15 años diversos países, entre los que se encuentra México, dieron muestras de preocupación por el consumo de drogas en sus naciones. Ante ello, se propusieron una lucha internacional que, al día de hoy, no sólo no ha dado los resultados esperados, sino que, por le contrario, en aras de reducir su consumo propagó su comercialización.

En el caso mexicano, la situación no fue distinta: más allá de las diversas voces que advertían de la colombianización de nuestro país, y ante las que sus autoridades se hicieron omisas, la consecuencia de hoy en día, es la renovada advertencia, ahora, dirigida hacia América Latina de que: o se cuida o terminará como México… como bien advirtió el propio Papa Francisco.

En México, el entonces presidente Felipe Calderón inició en 2006 una estrategia de combate frontal al crimen organizado, que incluye las actividades del narcotráfico, y que dejó más de 60 mil muertos. Por ello, diversas organizaciones, ciudadanos y personalidades mexicanas han pedido un cambio de táctica. Ante ello, el también ex presidente mexicano Vicente Fox señaló -hace unos años- que a México le “está saliendo muy caro hacerle la tarea a Estados Unidos” en detener el tráfico de la droga con destino a ese país, por lo que pidió a Calderón cambiar sus estrategias.

Y mientras Centroamérica ya da cuenta de tales augurios, lo cierto es que mientras diversos países, incluido México, llevan años enfrentando tales consecuencias, durante la última década, el consumo ha crecido significativamente en el mundo pues el opio aumentó 35%; la cocaína: 27%; y la mariguana: 14%

Estos datos se desprenden de un estudio de Naciones Unidas (ONU) que, entre otras cosas, señala que la mariguana sigue siendo y con creces, la sustancia ilícita más producida en todo el mundo, sobre la cual, vale la pena recordar que nuestro país es uno de sus principales productores.

El reporte de esta Comisión Global de Políticas sobre Drogas, de la que forman parte tres ex presidentes latinoamericanos, incluido Ernesto Zedillo, de México, se presentará en Nueva York, ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Asimismo, el reporte señala que en dicha década cerca del 5% de la población mundial, es decir: más de 200 millones de personas, han consumido mariguana al menos una vez, en edades que oscilan entres los 15 y los 64 años de edad.

Asimismo, se informa que Estados Unidos representa el mercado más grande en el consumo de cocaína con el 36% del total mundial, lo que representa 157 toneladas consumidas al tiempo en que Europa occidental ha visto pasar 123 toneladas de cocaína, frente a sus narices.

Dado lo anterior, y en paralelo con el reporte de la ONU, los países que iniciaron hace mas de 10 años algunas acciones para combatir esta problemática, han comenzado a sensibilizarse ante tales resultados al reconocer, públicamente, que su lucha ante las drogas ha fracasado.

“La guerra global contra las drogas ha fracasado”, concluye la comisión. “Las aparentes victorias en eliminar una fuente o una organización de tráfico son negadas casi instantáneamente por la emergencia de otras fuentes y traficantes.”

Ante ello, se han propuesto lo siguiente: terminar con la criminalización, la marginalización y la estigmatización de las personas que usan drogas pero que no hacen ningún daño a otros; alentar a los gobiernos a que experimenten con modelos de regulación legal de las drogas (en especial respecto de la mariguana); ofrecer servicios de salud y tratamiento a los que los necesiten, aboliendo como la internación forzada, que atentan contra los derechos humanos; aplicar estos mismos criterios de trato y respeto a los segmentos inferiores del tráfico, como campesinos, correos y pequeños vendedores, ya que encarcelar a “estas personas ha llenado prisiones y destruido vidas y familias, sin por ello reducir la disponibilidad de drogas ilegales o el poder de las organizaciones criminales”; concentrar “las acciones represivas en las organizaciones criminales violentas; y no concentrar los esfuerzos “en reducir los mercados de drogas, sino más bien en reducir sus daños en los individuos, las comunidades y en la seguridad nacional”.

Y mientras otros países, algunos de primer mundo y otros como Brasil y Colombia, se están planteando un nuevo enfoque a la lucha mundial contra el narcotráfico, a través de políticas públicas buscando erradicar su criminalización, México insistió en mantener la guerra emprendida, costara lo que costara: miles de muertos más o de miles de votos en su contra... curiosamente, fueron ambas opciones las que a la postre se hicieron valer.

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