Con todo respeto

Reformo, luego existo

Recién se está cumpliendo un mes de la presentación de la Reforma Hacendaria, y en este momento ya casi no queda nada de lo que fue la amenaza económica más grande que haya recibido la población desde la más contundente de las devaluaciones del peso frente al dólar, hace más de 18 años.

Vale la pena recordar que cuando se presentó la Reforma Fiscal en el Congreso, a mediados del mes de septiembre, desde entonces se hablaba ya de las tantas afectaciones económicas que esta traería a los mexicanos, a partir de su notoria carga impositiva. Entre ellas, se dijo que tendríamos que pagar nuevos impuestos por una serie de servicios y necesidades básicas y generales dirigidas, especialmente, a la clase media.

Entre las novedades fiscales de la propuesta que, días después, fue aceptada en lo general por los diputados del país, novedosamente se cobrarían impuestos por: la comida para perros, las colegiaturas, las hipotecas y hasta por las rentas de vivienda. Ante ello, la molestia ciudadana creció rápidamente sin encontrar un gran eco en los diputados o líderes de los partidos que hasta ahora, como los propios perredistas, dijeron que la propuesta fiscal hasta era un triunfo de ellos también, pues, aseguraron que los incrementos impositivos traerían beneficios a otros sectores que habían estado desprotegidos.

Si bien la propuesta hacendaria, dicen, tiene algunos beneficios, ciertamente hay que decir que la propuesta incluye un Seguro Universal para la gente de la tercera edad, pero al mismo tiempo, reduce los montos máximos por los que un contribuyente podrá deducir sus impuestos por gastos médicos al finalizar el año.

En su caso, de haberse consumarse el total de la propuesta fiscal, de ninguna manera la propuesta federal tendría como principal beneficiario al bolsillo del mexicano, pues según los ejercicios prácticos que más de uno hicieron sobre las nuevas ecuaciones fiscales-matemáticas, derivados de simular la aplicación de las nueva medidas hacendarias a la vida cotidiana, el consumidor promedio pagará entre el 10 y el 16 porciento más de lo que ya paga al fisco, actualmente.

Una de las novedades fiscales más criticadas fue el pago de impuestos a las colegiaturas. Y es que, si bien es cierto que hace dos años el gobierno federal había ofrecido su deducibilidad, esa medida solo la mantuvieron durante un año, probablemente, por temas electorales, y ahora que ya no son deducibles, además, querían cargarle un impuesto que no tenía y que pone en riesgo, según los empresarios de la educación, a más de 400 mil estudiantes.

De hecho, al haber intentado gravar los alimentos para perros, ante la creciente venta y adopción de mascotas caninas para los hogares de clase media, pudo observarse que el gobierno intentó ver a los cuadrúpedos como objetos suntuarios, y no como las mascotas que son.

Si bien se presume que los efectos de esta reforma darían al país un beneficio económico importante, lo cierto es que una mayoría no tiene confianza de que eso ocurra, pues históricamente en México los impuestos de los contribuyentes casi nunca se ven reflejados en obra pública gubernamental y, muchos menos, en más y mejores servicios para eficientar la vida diaria de los ciudadanos.

Al respecto de los cambios que ahora se anuncian, ya comenzaron a circular las primeras voces que señalan que estos reacomodos fiscales de la propuesta tendrán su verdadero impacto en la Reforma Energética que en breve, durante los próximos días, se sentarán a discutir y renegociar en la clase política, ya sea a través del tristemente célebre Pacto por México.

Y es que como plantean, hoy, los que creen saber cómo viene el presunto trueque fiscal-energético, pareciera que los presumibles excesos de la Reforma Fiscal fueron planeados, precisamente, para negociarlos después mediante algún acuerdo entre las partes donde, con el aval de que los diputados la habían aprobado ya, el gobierno federal haría el juego de decir: aunque ya tiene el visto bueno, quitamos esto y aquello, pero me firmas esto y lo otro de la reforma energética.

Aunque por ahora no sabemos qué de esto pueda ser del todo así, lo cierto es que hoy por hoy, se dice que además de que ya no van a aplicarse aquellos impuestos que resultaron tan incómodos para la clase media, además, el gobierno del Distrito Federal ya catafixió su voto por la reforma energética a cambio de un recurso económico llamado “fondo de capitalidad”, que le permitirá echar mano de él cada vez que eventos ajenos a la ciudad le causen daños a ésta. Entre tanto, si bien dicho beneficio es para la ciudad, a ese fondo le faltó prever resarcir los daños que los ciudadanos conllevan en casos como los de las marchas, cierres de accesos a aeropuertos y de avenidas principales... para eso, quizás haga falta otra reforma u otro Pacto por México.