Con todo respeto

En México todos los días son Días de Muertos

Hablar del Día de Muertos en México es hablar de una tradición que se conmemora una vez al año. Paradójicamente, para muchos otros, hablar del muerto del día en nuestro país, también es ya una tradición algo más escabrosa que la primera que, entre otras cosas, digamos, “sin querer queriendo” se comenta diariamente.

En estas fechas, además de la tradición y la fiesta tenemos enfrente una serie de historias que han convertido la cotidianeidad de nuestra sociedad en una trama de constantes actos de zozobra, suspenso, terror, de violencia humana y hasta de una cultura insospechada.

En años recientes, por ejemplo, diversas fechas se vieron teñidas de eventos vinculados con acciones mortales, donde la mayoría de las victimas perdieron la vida de modo violento, por decir lo menos. Y esa característica ha sembrado un estigma en la expectativa de los hechos cotidianos de nuestra sociedad. Algunos de ellos, por mencionar algunos, fueron lo ocurrido en Veracruz y Guadalajara cuando en medio de la zona económica del Puerto fueron arrojados más de 30 cuerpos y otra tanda igual bajo los celebres arcos del Milenio, respectivamente, y que dicho sea de paso, aún no han podido aclarar la identidad de todos ellos, debido al grado de violencia inflingida. Otro ejemplo es el evento ocurrido en el Casino Royal, donde un grupo de personas incendiaron el lugar, durante sus horas de servicio, muriendo más de 50 personas.

Y qué decir de la terrible desgracia en la guardería ABC o del caso News Divine, o de los mineros de Pasta de Conchos, o de los pasajeros de la rutas de peseros capitalinos que mueren a consecuencia de los excesos de velocidad de sus conductores o al ser atropellados por ésas y otras unidades del transporte público, o del caso Heaven... y sobre la muerte de migrantes en el país, y el asesinato del candidato a gobernador Tamaulipas, o de los asesinatos de jóvenes en tardeadas y centros de rehabilitación en Tijuana, o las familias completas, oriundas de Michoacán que en “viajes de turismo” a Guerrero han desaparecido, mejor ni hablamos ya.

Pero qué otros eventos, además de los evidentes, nos hablan de ése ambiente mortuorio en el país, el cual, lamentablemente, no sólo se presenta en estos días. Sin duda, más allá de los eventos recientes, están los ocurridos en otros momentos del país. Otros momentos como aquéllos en los que México era “sutilmente” distinto, como por ejemplo, en la década de los ochenta o de los noventa.

En tales casos, los eventos de violencia han estado presentes: en los ochenta, los medios críticos narraron con especial atención el asesinato, (1981), a las puertas de su casa del profesor Misael Núñez, vinculado al gremio magisterial y sus intereses. Qué decir, igualmente, de la muerte (1984) del periodista Manuel Buendía, en un estacionamiento de la avenida Insurgentes, en la zona Centro del DF; meses más tarde, la explosión de una gasera en San Juánico, que dejó devastada la zona, y centenares de muertos; al año siguiente, no se diga el terremoto del 19 de septiembre con sus cinco mil muertos, según las versiones oficiales, aunque las extraoficiales pentuplican la dimensión de la desgracia; qué decir de la muerte (1989) de Manuel Clouthier, ícono del panismo y candidato presidencial, en un accidente carretero.

En los noventa, la lista es más larga: esta década inicia con la tragedia en el Sector Reforma de Guadalajara, Jalisco, cuando una explosión de gas acumulado en los ductos del drenaje provocó la muerte de más de 600 habitantes de la zona (1992): después, la controversial muerte “accidental” del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo (1993); pasando por la actuación de un “asesino solitario” que dio muerte a Luis Donaldo Colosio (1994); y en el mismo año, el homicidio de Francisco Ruiz Massieu en la calle de La Fragua, a unos pasos del Monumento a la Revolución, así como la muerte de su hermano Eduardo, años más tarde en una prisión neoyorquina; y para finalizar la década, el incendio en la discotheque Lobohombo de la Ciudad de México, donde como el Casino Royale y el News Divine, la tragedia fue resultado de que las puertas de emergencia, simplemente, no fueran “de emergencia“ por la negligencia de taaantas personas.

Y si de la década siguiente se trata, podríamos mencionar la muerte de la defensora de Derechos Humanos, Digna Ochoa, (2001) con todo y que las autoridades del momento dijeron que se trató de un suicidio; y qué tal el “otro suicidio”, el de un hombre surcoreano (2003) que se hizo el harakiri en plena cumbre sobre la Globalización Económica Mundial, llevada a cabo en Cancún, Quintana Roo; hasta la muerte de dos secretarios de gobernación (2008 y 2011) en accidentes aéreos.

Y a últimas fechas, los insospechados muertos de Tlatlaya, los tantos restos humanos hallados en las fosas clandestinas aparecidas en el último mes en Iguala. EL músico de la banda Recodo... Y todo lo anterior, sin considerar que de los casi 20 mil desaparecidos en el país durante los últimos años, de nadie de ellos se sabe nada. Como es el caso de los desaparecidos en Iguala hace un mes.

Así las cosas, resulta que en México, todos los días son Días de Muertos...

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