Con todo respeto

Jalón de orejas Papal… para “egoístas“ y otros más

Vaya atención la que genera un visita papal en México. Con todo y que acá hemos recibido diversas visitas de este tipo, cada una de ellas han sido, sin duda alguna, una ocasión especial para la sociedad mexicana. Desde la primera visita a la Basílica de Guadalupe, pasando por la recepción a espejazos, así como la casi desapercibida presencia papal en Silao, hasta la ocasión reciente que además de las ya acostumbradas ie insospechadas paradas del Papa para saludar a sus fieles, la visita a nuestro país aún nos tiene guardadas varias anécdotas.

La visita del Papa por los linderos de la Ciudad de México dejó varios temas para reflexionar. Entre ellos, que se hizo evidente que la gente no se aglomeró en todos los sitios, lo cual deja ver –cuando menos-, dos temas para reflexionar: la debacle de la Iglesia Católica en México y la debilidad o desdén de la fuerza política capitalina.

Sin embargo, este aspecto mejoró en cuanto salió de la Ciudad de México. Y es que en su primer salida de la capital, al ir a Ecatepec, en el Estado de México, las aglomeraciones y cúmulos de fieles se hicieron evidentes. Y al llegar a Chiapas, no se diga: aún guardando las debidas proporciones en cuanto a los espacios en dicha entidad, en la sureña, la recepción fue grandielocuente. Y en Michoacán, no fue la excepción. Y en Chihuahua, tampoco. Así, en este cuarteto de estados, paradójicamente, quedó más claro un sólo tema: el músculo político de esas entidades.

De hecho, si observamos con detenimiento esta última cuestión, e incluyendo al propio Distrito Federal, en esta quinteta de territorios, sus gobernantes son claros aspirantes a la Presidencia de la República, con todo y que el de Chihuahua no se ha pronunciado claramente, pero no por ello habría que descartarlo... ¿Quién dice que la recepción en su estado no pudiera ser una primera muestra de operación política con miras presidenciales?

Por otra parte, los temas aludidos por el Papa durante su estancia en dichos lugares, entre los cuales destacaron los temas de: jóvenes, niños, narco, corrupción, pasando por la familia mexicana así como la situación de los propios obispos en nuestro país, a saber:

En la Ciudad de México, valoró a los jóvenes por ser ellos quien caracterizan a nuestra sociedad. Y en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, el papa hizo cimbrar a los obispos a quienes dijo: "Si tienen que pelearse, peléense, si tienen que decirse cosas, se las digan, pero como hombres, en la cara y como hombres de Dios, que después van a rezar juntos, a discernir juntos y si se pasaron de la raya, a pedirse perdón pero mantengan la unidad del cuerpo episcopal". Y agregó: "No le tengan miedo a la transparencia. La Iglesia no necesita de la oscuridad para trabajar. Vigilen para que sus miradas no se cubran de las penumbras de la niebla de la mundanidad; no se dejen corromper por el materialismo trivial ni por las ilusiones seductoras de los acuerdos debajo de la mesa; no pongan su confianza en los 'carros y caballos' de los faraones actuales".

Y en Ecatepec, Estado de México, el papa dijo: "Hermanos y hermanas, metámoslo en la cabeza: con el demonio no se dialoga, no se pueda dialogar porque nos va a ganar siempre, solamente la fuerza de la palabra de Dios lo puede derrotar".

En Chiapas, habló ante cientos de indígenas y criticó el despojo y exclusión en el país respecto a ese grupo social al decir: "Muchas veces, de modo sistemático y estructural, sus pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. Algunos han considerado inferiores sus valores, sus culturas y sus tradiciones. Otros, mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los han despojado de sus tierras o han realizado acciones que las contaminaban. ¡Qué tristeza"!

Al día siguiente, en Michoacán, dijo: "¿Qué tentación nos puede venir de ambientes muchas veces dominados por la violencia, la corrupción, el tráfico de drogas, el desprecio por la dignidad de la persona, la indiferencia ante el sufrimiento y la precariedad?... Creo que la podríamos resumir con una sola palabra: resignación".

Y aunque en Chihuahua no faltó la cita sobre el tema de la seguridad y las juventudes, entre las frases más representativas de su visita al país quedarán por siempre las siguientes: "Mentira que la única forma de vivir sea el narco". En particular, cuando dijo: "La experiencia nos demuestra que cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano, la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo".

O bien cuando describió tres aspectos que han sumado en el deterioro social, destacando entre ellos a "La riqueza: adueñándonos de bienes que han sido dados para todos y utilizándolos tan sólo para mí o 'para los míos'. Es tener el 'pan' a base del sudor del otro, o hasta de su propia vida. Esa riqueza que es el pan con sabor a dolor, amargura, a sufrimiento. En una familia o en una sociedad corrupta ese es el pan que se le da de comer a los propios hijos".

O cuando habló de la violencia: "La complejidad de sus causas la inmensidad de su extensión como metástasis que devora, la gravedad de la violencia que segrega y sus trastornadas conexiones, no nos consienten a nosotros pastores de la iglesia, refugiarnos en condenas genéricas (...) sino que exigen un coraje profético y un serio y cualificado proyecto pastoral".

Así, esta visita del Papa dejó tarea a toooda la clase política, católica y social.

con.todo.respeto@live.com