Con todo respeto

Haciendo el caldo gordo

En  nuestro paìs no ha habido quien no haya atestiguado como ha proliferado la difusión y consumo de los denominados productos milagro, y qué decir de comida chatarra. Y es que, sobre los primeros, durante los últimos tiempos han sido miles los nombres y tipos de productos que camuflados en sí mismos han desfilado flagrantemente en los medios como resultado de la permisividad de las autoridades y, sobre todo, al convertirse en un muy atractivo negocio económico para sus creadores, dueños y beneficiarios.

Asimismo, hasta ahora, no se tienen datos fiables de que alguno de los millones de incautos consumidores hayan visto cumplidas tales ofertas, pero paradójicamente si se ha sabido de cuantiosas quejas por la falta de seriedad de las empresas fabricantes.

Y es que, a decir de algunos, en el listado de este tipo de productos se encuentran aquellos que ofrecen eliminar peso de la noche a la mañana, mejorar la condición física sin realizar esfuerzo alguno, erradicar problemas de salud que al día de hoy ni siquiera se corrigen en un quirófano, y hasta aquellos que, temerariamente, ofrecen resolver de tajo hasta los más incomodos problemas de alcoba... increíble, no?

Curiosamente, en este tipo de casos, las demandas que los afectados han planteado, no se han caracterizado por ser del tipo de las que solicitan la devolución de su dinero: no; las quejas han tenido como constante la amable petición de que les sean solventados los gastos en que incurrió el consumidor para que le fuera entregado el producto en su domicilio.

Al respecto, las autoridades no solo no han asumido su papel, sino que, penosamente, argumentan que todo esto es resultado de una serie de vacíos legales en materia de regulación del mercado y de los medios. De modo más penoso aún, no ha faltado autoridad que haya intentado responsabilizar a los afectados, sugiriendo que los consumidores escogen de modo libre el tipo de producto que, a fin de cuentas, lo adquieren por que “es de su agrado y de su conveniencia”.

Este tema nos recuerda que luego de intensas discusiones y debates se consiguió aprobar la llamada ley antiobesidad en México, lo cual, dicho sea de paso, ocurrió tardíamente pues en materia de salud pública, en México el daño ya estaba hecho.

Y es que en la última década y lo que va de esta se ha hablado de diversos problemas de salud, de donde se destaca, entre otros, el que se tiene a una importante mayoría de personas con problemas de obesidad a consecuencia de una sola cosa: la comida chatarra que las autoridades han permitido que se vendan en cualquier.

En tanto, como pocas veces México ha logrado colocarse en los primeros lugares de un ranking mundial, aunque en este caso ha sido en materia de obesidad poblacional. Y es que a pesar de que hace unos años recién habíamos alcanzado el tercer puesto en el tema, esta señal no fue valorada, pues al finalizar el 2010, no solo alcanzamos el primer lugar con la población mas obesa, sino que posteriormente, también, nos convertimos en el país con la ciudad que tiene el mayor índice de obesos entre su población infantil, lo cual eleva el grado de importancia del problema.

Pero cómo hemos llegado a ésto, se preguntarán algunos: muy fácil; primero, como resultado de una fatídica combinación de características: una sociedad genéticamente hambrienta, con antecedentes de desnutrición, de escasos recursos y nula cultura alimentaria que, mezclado con que la carente actuación de diversas autoridades, han permitido una incontenible presencia de productos chatarra en la calle, la oficina, las escuelas, el metro y hasta en la casa mediante la tv, con todo y las restricciones publicitarias en este medio, a últimas fechas.

Y mientras tanto ¿dónde han estado las autoridades y los responsables de las políticas publicas a favor de la salud de los mexicanos? Probablemente, recibiendo sus rentas por permitir un escenario que hoy en día comienza a revertírseles, pues el problema de salud pública se ha vuelto tan grande que además del costo en vidas humanas ahora la atención medica de estos problemas ha superado el presupuesto nacional. O bien que, ante tal escenario, lamentablemente no se sepa qué es peor: si el hecho de que diariamente sigan vendiéndose miles de productos que dañan la salud; o el saber que en México nunca habrá autoridad alguna que meta las manos por uno, ni de milagro.

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