Con todo respeto

Habemus candidatum


Desde el inicio de la crisis estudiantil politécnica, varias fueron las dudas acerca de la autenticidad del movimiento considerando una serie de variables, tales como: el momento, la espontánea organización, el contexto y, especialmente, su principal queja.

Pasadas las primeras horas de iniciada esta novedosa circunstancia de los estudiantes politécnicos que, dicho sea de paso, hacía más de 40 años que no salían a la calle, comenzaron a asentarse las primeras impresiones e informaciones al respecto: que si era justo que ya salieran a manifestarse; que si era algo pasajero; que si lo que les afectaba era cierto; que si tendrían la capacidad de organizarse para conseguir su objetivo; que si esto se mezclaba ominosamente con la cercanía de la conmemoración del 2 de octubre; o con las protestas en las prepas del Gobierno de la Ciudad de México; entre tantas cosas más.

Sin embargo, aterrizado el tema del conflicto, se supo que su afectación estaba inspirada en un ajuste que se daría al plan de estudios, a partir del 1ro de octubre, y que dicho cambio, motivado y concretado durante la discusión y aprobación de la Reforma Educativa el año pasado, implicaba que a partir del nuevo ciclo escolar “ya no habría egresados ingenieros o licenciados“ del poli, y que ahora sus estudiantes sólo podrán egresar como “técnicos de carrera“... nada más falso que eso, al menos a decir de su propia (y todavía) Directora General, la Dra. Yoloxóchitl, bióloga por formación, empresaria por experiencia, y designada por decreto elección presidencial el sexenio pasado, en diversos medios y durante todo lo que va de este año ha hecho saber que, ciertamente, el nuevo ciclo escolar garantizará que haya Técnicos de Carrera pero como una “nueva opción“ para los estudiantes que no logren terminar el total de la carga curricular de sus estudios profesionales, especialmente, para aquellos que luego de cubrir más del 60% de sus créditos vieran truncas sus aspiraciones de concluir la totalidad del plan de estudios. O dicho de otra forma: esta medida busca reducir la tasa de carreras truncas en el poli sin cumplir todo el programa, y en el mejor de los casos, ofrecer la opción de hacerlo, en su caso, como Técnico... y tan-tan.

De ser cierto eso, es claro que el ajuste al programa no erradica la opción de que los estudiantes del poli, de nivel superior, egresen como licenciados o ingenieros, no. Dado lo anterior, tal parece que desde alguna trinchera se generó –quizás y de modo convenientemente- tal confusión la cual habría motivado el movimiento estudiantil del IPN. Y si ese fuera el caso, entonces de qué se trata todo esto que hemos presenciado en las últimas horas, de qué?

A juzgar por las apariencias, si una marcha estudiantil es capaz de organizarse para conformar no una sino cuatro marchas distintas; si estas ocurren de modo multitudinario; si se desarrollan en calma y pacíficamente; si se lleva a cabo sin gresca, actos de rapiña y/o sin infiltraciones; y si finalmente, hasta la convierten en un ejemplo de organización ejemplar para protestar, woooou: sin duda estamos ante una novedosa y por demás fenomenológica expresión juvenil y a nivel mundial; y si al final del día son recibidos por el responsable de los asuntos de política interior del país, y si además de ser él en persona quien los atienda y no su asistente o una cuadrilla de intermediarios; y si en dicho numerito esa figura política, además de dar la cara, acepta su pliego petitorio, ofrece atenderlo y cumplirlo, y si además lo hace desde un templete instalado a la mitad de la calle, y no cualquier calle, la calle más conflictiva en la materia después del zócalo, en Bucareli esquina con Atenas, teniendo como marco a la Secretaría de Gobernación; y si dicha manifestación escucha atenta y respetuosamente al servidor público, a quien además de no gritarle consignas o vituperios, tampoco le avienta huevos o jitomates, entonces, claramente estamos frente a un verdadero ejercicio ejemplar, qué digo ejemplar: democrático, de libertad de expresión juvenil-estudiantil que se haya registrado en los anales de la historia mexicana...

Ahora bien, dado que lo anterior no es más que el registro de una serie de hechos que, ciertamente, al sociedad en su conjunto ha atestiguado, también es cierto que nada resulta más fácil de “comprar“ que la suma de todas las súper positivas características de esta historia de final feliz, y menos en un país sobrado de sospechosismos sociales y maniqueos políticos, donde una de tantas opciones sería preguntarnos: quién es, y quién será, el principal beneficiario de todo esto: los estudiantes del poli o el protagonista de la historia?

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