Con todo respeto

Genéticamente hambriento

En México las enfermedades del corazón asociadas al exceso de peso están cobrando cada vez mas vidas en la sociedad mexicana.

Ahora se sabe que la altura promedio de la mujer mexicana, de entre 18 y 25 años de edad, es de 1.60 metros; en el caso de los hombres del país y del mismo rango de edad es de 1.67 metros. Entre tanto, en lo referente al peso, en las mujeres de 18 a 25 años, el promedio es de 62.90 kilos y en los hombres de 70.43 kilos; pero de los 40 a 50 años el promedio de peso en las mujeres llega a 72.15, y en hombres a 77.30 kilos. Al respecto, hay que decir que en ninguno de los casos, dicho peso representa el ideal para cada cual, pues cada uno de ellos rebasa su peso por cerca de 6 kilos, en promedio, sin que ello represente obesidad.

Estas cifras, difundidas por INEGI, revelan no sólo nuevos datos, sino nuevas interrogantes sobre el perfil del peso del mexicano promedio, pues baste recordar que en la última década se ha hablado de un serio problema de salud en el país llamada obesidad, la cual tiene a una importante cantidad de personas con problemas de peso, resultado de diversos factores, entre los que se encuentran: el sedentarismo; y la comida chatarra.

Al respecto, México se ha colocado en el primer lugar de un ranking mundial, y en este caso ha sido en materia de obesidad poblacional. Y es que a pesar de que hace tres años recién habíamos alcanzado el tercer puesto en dicho listado, esta señal no fue valorada por las autoridad competentes, pues ahora, no solo alcanzamos el primer lugar con la población más obesa, sino que recientemente, también, nos convertimos en el país con la ciudad-capital que tiene el mayor índice de obesos entre su población infantil: el Distrito Federal.

Como resultado de una fatídica combinación de características sociográficas, México está representado por una sociedad con antecedentes de desnutrición, y de ‘memoria genéticamente hambrienta’, de escasos recursos económicos y de nula cultura alimentaria; que, mezclado con la permisividad y tolerancia de las autoridades que poco han hecho para regular las políticas públicas en la materia, han terminado por dar lugar a una ya incontenible presencia de productos chatarra en la calle, la oficina, las escuelas, el metro y los hogares, mediante su invasiva presencia en la vida diaria.

En tanto, este problema de salud pública se ha vuelto tan grande que además del costo en vidas humanas ahora la atención médica de estos problemas ha superado el presupuesto nacional poniendo en crisis la capacidad de atención de los enfermos. Y lo que es peor, queriendo hacerle creer a la gente que lo que se comen no solo es por su gusto, sino en todo caso, bajo su propia responsabilidad.

Según algunas organizaciones de salud con reconocimiento nacional e internacional, en México las enfermedades del corazón asociadas al exceso de peso están cobrando cada vez más vidas en la sociedad mexicana: diabetes e hipertensión se han convertido en ‘el coco’ de la enfermedad donde entre cada millón de fallecimientos por problemas afines, el 50% están vinculados a ese trío mortal de enfermedades.

Asimismo, entre los datos que han convertido a México en el país de referencia en población obesa, adulta e infantil, los principales indicadores señalan que la dieta promedio del mexicano está basada en harinas y bebidas gaseosas, evidentemente, consumidas en exceso. ¿Y de qué tipo de excesos hablan? Por citar a uno de ellos, en México se beben cerca de medio litro de refresco diariamente por persona, y ello, curiosamente, a partir de que México tuvo como presidente a un ex gerente de una de las refresqueras más grandes del mundo.

Pero, lo que más preocupa a los especialistas es el tema de la generación de infantes que, dogmáticamente, están aprendiendo a consumir comida chatarra en un entorno calificado como obesigénico -es decir: influido, ambientalmente, para el consumo de alimentos de alto valor calórico- en el cual los padres de familia, acusan, se han convertido en segundos responsables de este tipo de epidemia, después de autoridades y fabricantes de dichos insumos, al convertirse en los otros promotores de dichos productos, como resultado de la falta de tiempo para preparar alimentos y, especialmente, influidos por el lado práctico que ofrecen los alimentos chatarra, tanto para su adquisición como para su ingesta: rápido y sabroso.

Por ahora, lo cierto es que si bien las nuevas cifras de la talla del mexicano no lo describen como una persona obesa, lo cierto es que, en el mejor de los casos, dichas cifras sólo nos indican que los problemas de salud, asociados a la obesidad del mexicano no están en el rango comprendido entre los 18 y los 25 años sino, tristemente: antes, en la edad infantil y; posteriormente, en la edad adulta donde algunos de dichos males se vuelven irreversibles.

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