Con todo respeto

Cuidándose hasta de su sombra

Lo que está claro, es que le mexicano ha perdido lo más importante en su relación con el Estado y con su país: la confianza.

En nuestro país, siete de cada diez mexicanos dice que no se puede confiar en la mayoría de las personas y 75% no conoce a alguien que le pueda ayudar a defenderse ante una injusticia, mientras que 66 % sostiene que las leyes se respetan ‘‘poco o nada’’, tal y como lo demuestra el Informe País sobre la Calidad de la Ciudadanía, que presentó el Instituto Nacional Electoral (INE), antes Instituto Federal Electoral (IFE).

A decir de sus propios voceros del INE, los resultados de este informe son, en muchos sentidos, alarmantes y enfrentar esta realidad depende de una profunda revolución cultural. “Ha llegado el momento de pasar de proyectos cortoplacistas y fijarnos objetivos de aquí a 25 años’’, señaló el presidente del instituto, Lorenzo Córdova, tras llamar a construir ‘‘la primera política del Estado mexicano en materia de educación cívica’’… este último ideario, lamentablemente no fue explicado.

Sin embargo, el documento, elaborado a partir de 11 mil encuestas en 10 estados, además de otros instrumentos de medición, realizado por investigadores de El Colegio de México (Colmex), el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso-México) y el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores (Ciesas), confirma los altos niveles de desconfianza ‘‘en el prójimo y en la autoridad’’, particularmente respecto de las instituciones encargadas de la procuración de justicia, su desvinculación social de redes que vayan más allá de la familia, vecinos y algunas asociaciones religiosas, y su desencanto por los resultados que ha tenido la democracia. Muestra de ello es que ‘‘los mexicanos no se sienten representados, no tienen confianza en los actores clave de la democracia, ni en las instituciones más cercanas y visibles del Estado. Sólo 19 por ciento confía mucho o algo en los partidos políticos y 17 por ciento en los diputados’’… y ni quién dude de los motivos de tales sospechas. (Aunque estaría bueno hacer esa consulta).

El informe expone que la debilidad de los sistemas legales y su falta de efectividad necesariamente afectan su legitimidad. La ineficacia operativa de las instituciones judiciales y de seguridad, así como la incapacidad de los agentes del sistema para mostrar un comportamiento digno de confianza, son condiciones que tienen efectos sobre el elemento de autocontención que es inherente al estado de derecho democrático. Con base en el documento, los niveles de victimización son de 25 por ciento; 40 no cree que la policía haga de su comunidad un lugar más seguro; sólo 3.3 confía ‘‘mucho’’ en los jueces y 4.4 en la policía y más de 60 por ciento de los delitos no se denuncian

‘‘En el caso mexicano, la percepción de discriminación y trato desigual ante la ley, los altos niveles de victimización, la percepción de ineficacia de la policía y la baja confianza en las instituciones encargadas de impartición de justicia, impiden u obstaculizan la capacidad de acceso del ciudadano a dichas instituciones cuando las necesita, lo cual se ve claramente reflejado en los bajos niveles de denuncia’’, puntualiza el texto.

Concluye que la democracia en México se halla todavía lejos de las expectativas que hace poco más de una década despertó en la población, ya que más de la mitad de las personas manifiestan descontento y afirman que el régimen mexicano no es democrático, además de que perciben un trato desigual por parte de la autoridad, la ley y las personas, ello a pesar de que nunca antes hubo en México tantas instituciones, recursos y programas para enfrentar la discriminación.

Lo que está claro, es que le mexicano ha perdido lo más importante en su relación con el Estado y con su país: la confianza. Y lo verdaderamente triste de ello es que no hay fe que se construya de un día para otro. Ciertamente, tampoco hay confianza que se eche a perder de la noche a la mañana, pero ahora que ya sabemos que no se tiene, resulta preocupante no solo plantearse cómo fue que la perdimos, sino también, preguntarse qué tiempo tardaríamos en recuperarla, y al mismo tiempo, asegurarnos de que hayamos llegado ya al final de dicha situación, no vaya a ser que aún nos falte un tramo para tocar fondo.

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