Con todo respeto

Confiar o no confiar, esa es la cuestión

En estos días, el todavía Instituto Federal Electoral (IFE), en coordinación con El Colegio de México (Colmex), presentaron el primer “Informe país sobre la calidad de la ciudadanía en México”. A decir de sus autores, lo que se busca mediante estos datos es ofrecer una base para fortalecer la creación e implementación de mejores políticas públicas en México.

Algunos de los resultados que se desprenden del informe son los siguientes: 54% de los ciudadanos considera que acudir al Ministerio Público para resolver un problema no le sirvió de nada; 42% de los mexicanos no confía en las autoridades; más de la mitad de los jóvenes en México no se identifican con ningún partido político; 50% de las personas que participaron en alguna actividad política no electoral, mencionó que ésta no tuvo el resultado deseado; 49% de los mexicanos cree que los políticos no se preocupan por gente como ellos; el 62% de los mexicanos confía en el Ejército, mientras que sólo un 18% confía en los Diputados y el 70% dice que no se puede confiar en la mayoría de las personas.

Así las cosas, claramente tenemos un problema social a nivel nación, y estructural en materia de Estado, pues sus competencias a través de las instituciones y sus servidores públicos son esas, precisamente: refrendar las garantías individuales y constitucionales, especialmente, las destinadas a brindar seguridad a la población en general. En cualquiera de los casos, tenemos un problema  de primer orden en nuestro país, y se llama: des-con-fian-za.

Ante ello, evidentemente, valdría la pena preguntarnos, en primera instancia, si la anhelada confianza la hemos perdido o sí, simplemente, nunca la ganamos. Considerando que se trate del primer planteamiento, no sería difícil imaginar qué motivos ha tenido la sociedad, pues saltan a la vista y desde hace muuucho, pero si se tratara del otro aspecto, tendríamos que escarbar más para conocer la respuesta, aunque no por ello, el simple hecho resulte, de suyo, igualmente escabroso.

Paralelamente, hace unas semanas, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) dio a conocer que más de la mitad de los mexicanos (68%) considera que vivir en su ciudad es inseguro, y 67% no confía en sus autoridades.

De acuerdo con los resultados de su Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), realizada en 32 de las principales ciudades del país, el Inegi precisó que sólo 31.7% de los entrevistados piensa que se puede vivir tranquilamente en México… aunque el estudio no indica dónde está ese lugar en el que piensan el 31.7%.

Asimismo, dicho informe detalló que 66.2% de los habitantes del país ha sido testigo de robos y asaltos en los alrededores de su vivienda, mientras que 43% aseguró que en sus colonias se realizan actividades relacionadas con el narcomenudeo. Asimismo, el 35.1% dijo que en sus comunidades operan pandillas violentas y 27% aseguró que han escuchado detonaciones con armas de fuego.

Respecto de la expectativa sobre la seguridad pública, 36.8% de la población estimó que en los próximos 12 meses la situación de la delincuencia en su ciudad seguiría igual de mal y 24% que empeoraría, mientras que 18.4% opinó que seguiría igual de bien y 18.8% que mejoraría.

Según el estudio, que recoge opiniones de mayores de 18 años sobre la percepción de seguridad pública en los últimos tres meses, 70.9% ha presenciado consumo de alcohol en las calles, mientras que 56.1% ha sido testigo de actos de vandalismo en viviendas y/o negocios.

Así también, en los últimos tres meses 64.5% de los encuestados optó por dejar sus objetos de valor en casa, por temor a un asalto, ya sea en la calle o en el transporte público. Además, 50% dijo que ya no camina por las calles cercanas a su hogar después de las ocho de la noche.

Además, los encuestados aseguraron que a raíz de la inseguridad, 48.5% de los padres de familia ya no dejan salir a sus hijos a jugar en las calles. De igual modo, 35.3% sostuvo que ya no visita frecuentemente a sus familiares por temor a ser víctima de algún delito. Y más de la mitad de los mexicanos no confía en sus autoridades, ya que 66.7% de ellos consideró como “poco o nada efectivo” el desempeño de la policía de su ciudad. Entre tanto, sólo 30.2% de los encuestados percibe la labor de la policía como ‘algo efectiva’, mientras que 2.4% la considera “muy efectiva”.

Con base en estos datos, resulta curioso reflexionar sobre algo de lo mucho que reflejan estas cifras, y ello es la claridad y la consciencia de la sociedad “encuestada” (considerando el valor de su representatividad como muestra) sobre su entorno y circunstancia. Sin embargo, más elocuente aún es cómo estas cifras describen la insospechada inacción de un sector social que tienen en sus manos la oportunidad de modificar tales cifras (y ellos son: los legisladores y las autoridades de los tres órdenes de gobierno… y tantos más) que, simplemente, se han convertido en testigos –casi cómplices- y narradores del flagelo más grande que se comete diariamente en nuestro país: dejar de hacer aquello que abone, directa o indirectamente, a favor de la desconfianza y actuar, directa o indirectamente, en pro de consolidar la confianza social.

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