Con todo respeto

Cayendo bajo

Hace unos días, el jefe del comando estratégico operacional de Venezuela, Vladimir Padrino López, difundió en su cuenta de Twitter imágenes de una aeronave, presumiblemente de origen mexicano, que fue destruida en el estado de Apure, fronterizo con Colombia, sin informar sobre sus tripulantes, su cargamento, ni la forma en que ocurrieron los hechos. Cabe mencionar, que posteriormente al mensaje vía twitter, el gobierno venezolano aseguró que la aeronave estaba llena de cocaína, lo que acrecentó las dudas sobre los hechos.

Ante ello, temerariamente el gobierno mexicano envió una nota diplomática a Venezuela en la que solicitó el esclarecimiento de la destrucción de una aeronave mexicana en territorio de ese país, “en estricto apego al derecho internacional”. Sin haber obtenido mayor respuesta, horas después, el canciller mexicano convocó al embajador venezolano a sus oficinas para hablar de dicho tema. Sin embargo, tras la reunión que ocurrió a puerta cerrada, el gobierno mexicano informó que no daría detalles del encuentro diplomático, lo que incremente las suspicacias sobre el tema. De hecho, nada más incomprensible que la propia cerrazón del canciller para dar a conocer los pormenores de su conversación con el representante bolivariano.

Asimismo, al respecto del mensaje vía twitter, ahí fueron colocadas dos fotografías donde pueden apreciarse los restos de una aeronave de características semejantes a la de un jet privado, desde cada uno de sus costados, en lo que parecen ser los restos de su fuselaje semicompleto. En una de las fotos, donde se aprecia el costado derecho de la aeronave, puede verse parcialmente completo el cuerpo de la avioneta, así como el ala derecha del avión, también completo y aún unida al cuerpo central del fuselaje, mismo que a todas luces da muestras de haber sufrido un incendio total sin que este hiciera sucumbir todas sus partes.

En la otra imagen, puede distinguirse lo que habría sido el otro lado de la nave, es decir, su costado izquierdo, donde el fuselaje aparece carcomido, probablemente, por las intensas llamas de un incendio que, especialmente, consumió la mayor parte del costado izquierdo del avión, con todo y su ala izquierda, lo que curiosamente no sucedió al otro lado, lo que sugiere que sobre dicha área el incendio fue de proporciones mayores.

Asimismo, es posible apreciar que la aeronave descansa sobre la base de su fuselaje sin que haya restos de un tren de aterrizaje, y mucho menos mayores restos completos del avión ni de su interior, ni de la cabina. Asimismo, en ambas imágenes es posible apreciar que el terreno sobre el que reposan los restos de la aeronave no dan muestras de haberse impactado sobre el terreno, y mucho menos, de que los restos del avión se hubiesen desplazado por dicha superficie antes de terminar en el punto donde quedaron sus escombros.

Dado lo anterior, parece que la nave fue incendiada en dicho lugar lo que, en principio contradice la versión de un derrumbe que tanto ha promovido el gobierno bolivariano. De hecho, son tan grandes los daños provocados por el siniestro que tampoco es posible confirmar la matricula del avión. Asimismo, y dado que el propio gobierno venezolano no reportó victimas tras “el derrumbe” que cometió, no sólo no hay restos humanos en el lugar, sino que tampoco hay heridos o presuntos sobrevivientes ni testimonio alguno de quienes habrían tripulado y conducido la avión a dicho lugar. De hecho, tampoco hay restos de lo que probablemente habría sido transportado en dicha aeronave.

Hasta aquí, la historia se torna interesantísima para fines del sospechosismo colectivo considerando los probables escenarios que podrían construirse con tan solo estos datos, entre ellos: que la aeronave, evidentemente, no solo no fue derribada, sino que ésta descendió en tal lugar y posteriormente ocurrió el aparente desenlace, mismo que no parece haber ocurrido accidentalmente, sino todo lo contrario, es decir, de modo premeditado. En su caso, estaríamos hablando de que la avioneta descendió ya sea por su propia voluntad o en contra de ella. En el primer caso, habría descendido ya sea porque ese era su destino o bien porque no tuvo de otra. Entonces, lo cierto sería que ahí llegó y si llevaba alguna carga, lícita o no, tampoco es fácil saberlo. En tanto, de tratarse de una carga ilegal, simplemente ahí no hay restos o no nos lo dicen, lo que sugiere que “su carga” y sus evidencias habrían sido removidas de la aeronave, de tal suerte que el “incendio” más bien podría ser un acto premeditado. De no ser así, simplemente no se explicarían ni las causas de un incendio espontáneo ni el de una incineración premeditada, pues no habría motivo para ello.

Lo que queda claro es que, por ahora, ni el gobierno venezolano ni el mexicano han querido decir todo lo que saben sobre el caso, y mucho menos han buscado que alguna de las partes se comporte con la seriedad que amerita un evento lleno de dudas y preguntas de gran relevancia, como lo son, simplemente; quiénes son y dónde están los tripulantes de la aeronave, cómo ocurrieron los hechos, en qué lugar están los restos y de qué fecha es la imagen. Respuestas que cada minuto parecen estar más y más lejos... de la verdad.