Con todo respeto

Anti-animales y anti-niños

Desde hace unas horas entró en vigor la tristemente célebre ley antianimales circenses que, dicho sea de paso, impulsó el Partido Verde Ecologista y el Revolucionario Institucional. A partir de ahora, en el Distrito Federal y otros estados que han replicado la iniciativa no se permitirá el uso de animales silvestres en ninguna circunstancia y en ninguno de sus espectáculos; he ahí sus primeras controversias. Y es que si consideramos que hay oootro tipo de eventos que seguirán haciendo uso de animales para sus shows, como los eventos ecuestres, taurinos o acuáticos, se hace evidente lo errático de esta situación.

Curiosamente, esta ley que ahora comenzará a cobrar sus efectos, más allá de ser impulsada por un partido dizque ecologista y hasta defendida por promotores y defensores de la vida animal, no solo tendrá una dudosa aplicación y un incierto futuro a nivel nacional, sino que además, provocará dos terribles consecuencias, a saber: enviará al Paredón a los animales de los circos y, de paso, cancelará por siempre la oportunidad que representaba para los niños, para los menores, de conocer ahí a diversas especies de animales que, en ciertos casos, quizás la mayoría, habían sido conocidos entre los niños –precisamente-, porque sólo en los circos se les veía... o al menos ahí sí los podían ver de cerca... pues no en todas las entidades, ni en todas las plazas del país hay un zoológico por ahí... y cuando lo hay, esos animalitos a veces dan más pena que los de los circos que creen ver los ecologistas.

Ciertamente, parte de la discusión que dio lugar a esta ley fue la exagerada y no comprobada presunción de que en tooodos los circos maltrataban a los animales, y que ahí no tenían condiciones dignas de vida, máxime que, a decir de otros, hasta eran explotados. Paradójicamente, en vez de crear una ley que responsabilice y a su vez sancione a los empresarios circenses que hagan no den vida digna a sus animales, simplemente, se optó por el destierro animal y sin preveer el obligado desahucio al que han orillado a los mismo, el cual ahora es más incierto e inhumano que antes, pues ahora: o los sacrifican o los “avientan a la calle“ o al bosque o a dónde sea... y de esto nadie se ha ocupado... y qué decir de los niños que dejarán de tener la oportunidad de conocerlos, también.

Armando Cedeño, presidente de la Unión Nacional de Empresarios y Artistas de Circo (UNEAC) y dueño del circo los Hermanos Cedeño, asegura que alrededor de 10 mil personas se verán afectadas por esta nueva ley. El cirquero, de 49 años, luchará por continuar ofreciendo espectáculos, pero no sabe si conseguirá que el público acuda. Lo que más le preocupa, sin embargo, son sus animales y los cerca de 200 años de tradición mexicana circense.

Ahora, los cirqueros deberán donar sus animales al Estado sin recibir nada a cambio o conseguir un comprador. Si por el contrario deciden quedarse con ellos no podrán mantenerlos en jaulas, además de que el mantenimiento se volvería insostenible. Cedeño no los quiere regalar, pero tampoco vender a un precio inferior. “Cada tigre de bengala cuesta 5 mil dólares y el doble si es amaestrado. Yo tengo seis y son mi única propiedad”, denuncia Cedeño quien lleva desde enero luchando por conseguir eliminar o aplazar la ley.

En México hay 2 mil ejemplares de animales salvajes registrados en 200 circos, según datos de la Secretaría de Medio Ambiente (Semarnat). Ambas cifras podrían ascender al doble, según Cedeño y la propia Semarnat, por todos aquellos que no se han dado de alta. De hecho, existen 12 mil sitios entre Unidades de Manejo para la Conservación de la vida Silvestre, Pedidos Intensivos de Manejo de la Vida Silvestre, centros de conservación y zoológicos, más los santuarios que se están creando para trasladar a los ejemplares. El ramo circense deberá entregar a la Semarnat un listado de los animales que poseen y sus características para buscarles un nuevo destino.

Ley General de Vida Silvestre también multa hasta con 200 mil dólares a todo aquel que sacrifique a sus animales. Mientras tanto la mayoría de los cirqueros han optado por vender sus ejemplares a zoológicos privados o públicos a un precio mucho menor, a una tercera parte del valor real.

Por su parte Cedeño dice: “Nunca han venido a ver cómo tratamos a los animales. No los maltratamos y viven mejor que hasta en algunos zoológicos”. Al respecto, muchos otros han omitido también reseñar la verdad oculta de que muchos de los animales que han estado en los circos, han encontrado ahí una manera de estar más seguros, pues si bien no todos ellos son los más jóvenes o no están en las mejores condiciones, debido a su conveniente edad para formar parte de un circo, también es cierto que en los circos habían encontrado una forma de vida que los mantenía más seguros y activos que en su propio ambiente. De hecho, muchos otros dicen que diversos animales que han estado en los circos, podrían no estar vivos hoy si, dadas sus propias condiciones, estuvieran en su hábitat natural, quizás ya habrían muerto o sido víctimas de algún acto caníbal en su comunidad... al final de cuentas, tristemente también, nadie pensó en los niños y su derecho a descubrir el mundo animal, salvaje o no, frente a sí mismo y sin necesidad de desplazarse grandes distancias para ello... en fin: queda claro que animales o niños, cada vez importan menos en México.

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