Con todo respeto

Aeromisterios sin resolver

A un año y días de la desaparición de un Boeing 777, el de Malasyan Airlines, con mas de 200 pasajeros, del cual ya hasta se acabó la pila de emergencia de su caja negra sin que esta hubiese dado señales de existencia, ahora nos enfrentamos a un nuevo misterio de las tragedias aeronáuticas internacionales: el caso del vuelo de German Wings que hace unas horas, insospechadamente, se estrello contra una zona escarpada, a mil 800 metros sobre el nivel de la tierra, en los Alpes Franceses y con 150 pasajeros abordo. Sin duda, después del accidente del Concord de British Airways en el año 2000, el de la aerolínea alemana, se ha convertido en el accidente aéreo más mortal e impactante en Francia.

El vuelo germano había despegado de Barcelona, España, con destino a Dusseldorf, Alemania. Y 40 minutos después del despegue, sin señal de alerta previa, comenzó a descender, durante 8 minutos, hasta chocar con los Alpes, y a más de 600 kilómetros por hora, según especialistas.

Recientemente, ha trascendido que el piloto del vuelo habría salido de la cabina, quizás al baño, y que al regresar no solo no pudo abrir la puerta de la cabina pues tenía seguro por dentro, sino que, además, como aseguró el informante, tocó la puerta hasta golpearla durante los mismos ocho minutos sin obtener respuesta de su compañero, en el interior cuando devino el impacto. Así lo afirmó un general retirado que habría escuchado parte del contenido de la caja negra del avión. Qué misterio haya detrás, no lo sabemos aún: desde un acto deliberado hasta un inoportuno paro cardíaco, hasta lo inimaginable…

Y de qué estamos hablando cuando decimos “el misterio del triple siete”, el avión malasio? En principio, de la insospechada desinformación que ha generado un evento de tales características. Y es que hablar de que un avión comercial, con 239 pasajeros que desapareció de súbito de los radares tras despegar en Kuala Lumpur, es mucho decir, pues para cualquiera es verdaderamente increíble que con los avances tecnológicos, propios de la época en que vivimos, así como de las certezas que en materia de seguridad ofrece la aeronáutica internacional, que hasta resulta incómodo aceptar que nadie puede asegurar qué pasó con el avión… o lo que es peor: que nadie pueda creer en lo que se informa.

Todo comenzó cuando 24 horas después del despegue del avión, se informó que se había perdido la comunicación con él y con lo último que se sabía se presumió que “probablemente” había cambiado de rumbo, y hacia un destino desconocido, también. Horas más tarde, se dijo que un par de pasajeros habrían abordado con pasaportes falsos, lo que en primera instancia alertó sobre la posibilidad de un atentado. Así, y ante la ausencia de hallazgo alguno o restos del avión, se filtraron versiones en el sentido de que quizás, el avión había sido secuestrado, con todo y sus pasajeros, para llevarlo a algún lugar desde el cual presumiblemente, estarían planeando un atentado con él al estilo de lo que vivimos hace más de 12 años en Nueva York.

Ante ello, ciertamente nos encontramos en uno de los casos más controversiales de un aeroaccidente considerando que en la mayoría de ellos, máxime en los tiempos recientes, el control informativo había sido incómodo y hasta doloroso, pero nunca había puesto en duda su propia reputación. Una reputación de orden internacional, entre otras cosas. En su caso, vale la pena recordar la desaparición de un avión de Air France que permaneció un año desaparecido, y aún cuando lo encontraron tardaron oootro año en sacarlo a flote, y un año más para explicar lo sucedido. Empero, tal caso, nunca se puso en tela de juicio la confianza en la aeronáutica, y aunque los deudos vivieron momentos aciagos, hasta ahora la han pasado peor los del avión alemán.

En el caso malasio, llama la atención, entre tantas rarezas, la forma en que han dejado fluir la información abriendo tantos riesgos y cambiando tantas versiones. Para nadie sería una sorpresa saber que cuando se investiga un accidente aéreo las informaciones resulten tan cambiantes, pero si es extraño que en este caso los constantes cambios sean de orden público y, por consiguiente, estén cosechando una retaila de dudas más que de certezas, y no solo en la opinión pública sino, especialmente, en el grupo social más afectado por esta historia: los familiares que en medio de su desgracia, por decir lo menos, al iniciar estas historias, dificilmente son tratados con el respeto y seriedad que merece la situación por la que atraviesan.

Entre otras cosas, vale la pena revisar el tema sobre las suspicacias existentes en torno a la desaparición de uno de los aviones más grandes de la compañía Boeing como un recurso para atentar con él, ya sea saboteando su vuelo o bien haciendo uso de él como un instrumento para hacer daño a quien fuere. En el primer caso, sin duda, ya habríamos conocido sus consecuencias, por lo que, en todo caso, quedaría abierta la especulación sobre el uso que podrían dar al avión en caso de “haberlo robado” nada más. Sin embargo, aún así, la otra pregunta no solo es dónde está el avión y qué planean hacer con él, sino: dónde están los 239 pasajeros y qué planearon hacer con ellos… suena muy grave, no?... máxime, a un año de este hecho.

con.todo.respeto@live.com