De Tácticas y Estrategias

Un año sin “el amigo...”

Sí, ha pasado un año sin “el amigo Hugo” y Venezuela está enfrentada y herida. El legado del “bien amado líder de la Revolución”, es el encono y la división entre los habitantes de esa gran nación.

Los chavistas no admiten crítica alguna. No pueden existir dudas de su omnisciencia. Han colocado a su “Comandante” en el pedestal de la Historia. Cuestionarlo no puede significar más que un servilismo hacia el “fascismo” y a Washington.

Para ellos, no importa que exista una real y genuina indignación en al menos la mitad de la población por la forma de gobernar de Nicolás Maduro. Sostienen una serie de endebles argumentaciones para negar su existencia: “manipulados”, “inventados”, “confundidos”...quizá hasta “alienados”.

No pueden creer que su divinizado líder pueda ser repudiado. En sus mentes no hay cabida a tal sentimiento. Disentir, practicar la discordancia implica, bajo su óptica, traición a la Patria.

Pero para su malestar, los opositores no son como el pajarito que se le aparece a Maduro y le canta sabrá dios qué melodías. Existen esas voces que gritan su desesperación y coraje por que la economía se está hundiendo, porque los estantes de las tiendas lucen cada vez más vacíos, porque la inseguridad se adueña de las calles.

Sí, quizá esos problemas no sean exclusivos de Venezuela. Pero a diferencia de la Venezuela chavista, en muchas partes de Latinoamérica, manifestarse contra el gobierno, mofarse de él, increparlo, es un derecho incuestionable y parte de la vitalidad de una democracia que se sabe alimentada por distintas visione e ideologías.

El gobierno de Maduro “tolera” a los opositores y sus marchas. “Tolera” como sinónimo de tener que soportar y para demostrar que pese a que el otro, el adversario, está mal e incluso es manejado por un siniestro motivo, el chavismo en su infinita misericordia, les permite a esas “ovejas descarriadas” expresarse.

Al concebirse como única verdad, única posibilidad, Nicolás Maduro se cierra y ve en todo acto legítimo de crítica y divergencia, un ataque orquestado, inadmisible e ilegítimo.

Sí, a un año de la muerte de Chávez, hace falta entendimiento, razonamiento y madurez. Nadie puede tener la verdad absoluta. Y eso a los chavistas les duele profundamente.