De Tácticas y Estrategias

Venezuela: entre delirios, tentaciones y prudencias

No la debe de estar pasando muy bien Maduro: el hervidero está por todos los rincones de Caracas y en gran parte del territorio venezolano.

Maduro vive el peor de los panoramas: la luz que aún emana de la figura de Hugo Chávez entre sus seguidores, más que guiarlo y engrandecerlo, le ciega el camino y ante las circunstancias se ve rebasado, arrinconado y empequeñecido.

De nada le sirven los cánticos que su pajarraco le susurre en los oídos. Nicolás Maduro está en una encrucijada y no debe equivocarse: tiene que actuar con prudencia porque, le guste o no, el descontento entre los venezolanos es real, no ficticio.

La indignación por la corrupción, la violencia, la inflación y el desabastecimiento de productos tan primarios como el papel higiénico no es inventada o teledirigida por Washington o Álvaro Uribe.

Los chavistas deben recordar que su actual mandatario ganó las elecciones con tan solo 224 mil 268 votos: una diferencia de apenas 1.49 por ciento y que, debido a la crisis económica, el repudio de los opositores se ha reforzado al tiempo que gran parte de los votantes del oficialismo se han visto desilusionados con su nuevo líder.

De ahí la exigencia para que Maduro erradique toda tentación: no debe confundirse y creerse un “salva patrias” cuando en realidad se transmutaría en un tiranozuelo. Ni Venezuela ni América Latina necesitan parodias del pasado.

Es cierto, pedirle sensatez es, quizá, caer un poco en la ingenuidad teniendo en cuenta sus antecedentes de bravuconerías y verborreas (mal) aprendidas de Chávez, pero permitir al chavismo imponer mano dura contra la población —que es más que la “oposición”— es suicidio político asegurado.

Pero en la balanza de la cordura, también los adversarios tienen su contrapeso.

Henrique Capriles y Leopoldo López deben, sin bajar la guardia ni las exigencias, contenerse en sus llamados a la población y evitar caer en provocaciones o dejarse seducir por las vetustas voces que piden un golpe de Estado.

Ser congruentes para alimentar a la democrática. La única salida es resistir y llegar a las urnas. Serán los votos los que callen a la delirante ave chavista.