De Tácticas y Estrategias

Shimon Peres y el rey David

En nueve décadas se hacen muchos amigos” iniciaba su crónica David Alandete, corresponsal de El País, el pasado 18 de junio, con motivo de la fiesta por el cumpleaños 90 de Shimon Peres.

Y por la capacidad de convocatoria del presidente israelí, pareciera que sí los tiene: lo mismo estaban en el festejo Barbra Streisand, Sharon Stone y Robert DeNiro, que Tony Blair, Alberto de Mónaco y Bill Clinton. Además, Barack Obama, Françoise Hollande, Angela Merkel, Vladimir Putin y el rey Juan Carlos enviaron videos felicitándolo y elogiándolo.

Y es que no todos los días se cumplen 90 años siendo presidente de un país que, en la geopolítica contemporánea, apenas tiene 65 años como Estado.

Tan extraordinario que Clinton se atrevió a bromear ante Peres: “Hemos venido a felicitar al único israelí vivo que conoció al rey David”.

Peres es un viejo lobo de mar —o mejor dicho del desierto— indispensable para entender la historia moderna no sólo de Israel, sino de la compleja zona de Oriente Medio.

Premio Nobel de la Paz en 1994, junto a los ya muertos Isaac Rabin y Yaser Arafat, por los malogrados Acuerdos de Oslo, Peres ha estado en la política israelí desde 1959, cuando entró a la Knesset como parlamentario y desde entonces, nunca se ha bajado del escenario. Ha servido a doce gobiernos diferentes y en distintas posiciones: ministro de Defensa, canciller, premier, presidente...

Peres está en México en visita de Estado y para encabezar la delegación de su país en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara que tiene como invitado de honor a Israel.

Y en estos días ha refrendado la imagen de conciliador que le ha conferido su postura de buscar el diálogo con sus vecinos árabes.

“Para Israel, la paz no es solo una elección estratégica (...), sino un imperativo moral que procede de lo más profundo de nuestro legado”, aseguró desde la capital mexicana.

“Nacimos para la paz”, afirmó.

Y no es cualquier frase en momentos en que Israel debe buscar una respuesta a la altura de su pueblo y de la comunidad internacional ante el acuerdo entre Teherán y las grandes potencias mundiales.

Y cuando la tormenta de arena revuelve y divide a los políticos en Israel entre una parte dura —encabezada por Benjamin Netanyahu— y otra hastiada por la espiral de tensión y violencia.

Para muchos halcones de la política estadunidense e israelí, Peres peca de ingenuo y de soñador.

Peres les respondió hace casi 20 años en su discurso por el Premio Nobel: “Un hombre se puede sentir viejo como los años que tiene, pero es tan joven como sus sueños”.