De Tácticas y Estrategias

Crimea, por amor

Para muchos de los mortales comunes y corrientes y ajenos a la zona, Crimea era inexistente hasta hace unas semanas. Y de repente, tras la expulsión de Viktor Yanukóvich de la presidencia ucraniana por parte del Parlamento de la otrora república soviética y la consecuente ira rusa ante la caída de su aliado, la pequeña península (27 mil km2, similar a Nayarit) acaparó titulares.

Pero Crimea ha sido escenario de grandes sucesos que cambiaron la balanza de poder entre las grandes naciones y que repercutieron en la historia de toda la humanidad.

Pero también de pequeños, personales, casi anónimos acontecimientos que por lo general se pierden en esa cotidianidad que engulle las biografías de la mayoría.

En ese entresijo de trances históricos y particulares, ¿qué pasaba en esa zona hace cien años? Era 1914 e iniciaba la Primera Guerra Mundial el 28 de junio en Sarajevo con el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria. A unos mil 600 km de ahí —menos distancia que la existente entre Hermosillo y la Ciudad de México—, ese mismo año, un joven ruso le pedía la mano a una chica ucraniana.

Con solo 20 años de edad, este campesino convertido en minero y ucraniano por adopción desde los 14 años, se casó con Yefrosinia Pisareva.

El matrimonio solo duró seis años. Viudo y con dos hijos pequeños, Nikita Serguéyevich Jrushchov —o Kruschev— buscaría un lugar en la nueva estructura bolchevique.

Iniciaba la década de los veinte. Con nueve millones de muertos, la Gran Guerra tenía dos años de terminada. En lo que concierne a Kruschev, no solo había muerto Pisareva, sino el Imperio zarista para dar lugar a la Unión Soviética y la gran oportunidad para su ascendente carrera política.

Con el tiempo, Kruschev llegó a ser el mandamás de la URSS. Instalado ya en el Kremlin, no olvidó a su patria chica y el 19 de febrero de 1954 le entregaría Crimea a la República Socialista Soviética de Ucrania justificado por el Sóviet Supremo, de acuerdo al Pravda, “teniendo en cuenta el carácter integral de la economía, la proximidad territorial y las relaciones económicas”.

“Voy a decir que el pueblo ucraniano me trató bien. Recuerdo con gusto los años que pasé allí (...). Yo mismo me rusifiqué, y no quiero ofender a los rusos”, escribió Kruschev en su autobiografía.

Hoy, la zona vuelve a los titulares. Hace un siglo, Europa escribía uno de los peores capítulos de su historia y un ruso de campo se casaba en su amada tierra adoptiva.