Ante el espejo

El teatro y sus 4 fantásticos

Una de las creaciones más grandes de la humanidad es el Teatro, desde su aparición nos ha acompañado con los mismos principios y fines contextuales. Ha tenido mínimas variaciones generales adaptándose a los avances tecnológicos.

Vale decir que nace en Atenas hace poco más de 2,500 años. Para esta época, los griegos igualmente desarrollan el conocimiento filosófico y científico, las artes, las letras y, por supuesto, el primer Estado democrático.

En su evolución podemos percibir con facilidad cómo el pensamiento artístico es parte sustantiva de nuestra sociedad, de cómo a través de su práctica es posible adjetivamente transformarla de manera inteligente y elegante; hoy están presentes palabras como: máscara, personaje, escena, episodio, protagonista, antagonista, entre muchas otras, en todos los sectores de nuestro mundo.

Nutrir nuestro espíritu con la fuerza educadora de lo religioso, humano y pueril del teatro griego clásico nos conduce a horizontes insospechados, fronteras desconocidas y muchas veces, a emociones enterradas del alma. Hacerlo tal y como lo realizaban en la antigüedad en foros para más de 10,000 mil personas, en honor a Dionisio y a Apolo, con actores en cuya profesión importaba más el honor que otra cosa; parece muy difícil. Al menos podemos regresarle esa solemnidad con la que se ejercía.

La tragedia era un espectáculo visual y acústico que combinaba la palabra, la música y la danza en la que los héroes, los dioses y las fuerzas de la naturaleza míticas pasaban de la felicidad a la desgracia y viceversa; cuyo efecto para los espectadores era el despertar piedad y temor, pues la primera es la compasión que los hombres sienten ante las desgracias ajenas que consideran que no les afectan y la segunda, es el sentimiento ante sufrimientos ajenos que sí les pueden llegar a ocurrir a ellos. Por el contrario, la comedia se nos presenta como un espejo de la vida humana, de sus fortalezas y debilidades, con todas sus formas y coloridos de las realidades históricas de su tiempo; muchas veces como sátira de la vida pública en la política, la educación y el arte. En la que se ironizan las virtudes y los vicios de las personas.

Ahora menciono aquí brevemente a los cuatro genios del antiguo teatro griego clásico, auténticos padres del drama, la tragedia y, la comedia: Esquilo, un adorador de la divinidad, del orden y la libertad, del cosmos; Sófocles, escultor de hombres y pintor de la feminidad, músico y bailarín; Eurípides, el racionalista que bajó lo heroico a la arena de lo cotidiano, pintor y amigo de filósofos y; Aristófanes, todo un educador especialista del espíritu muchas veces más animal que racional de la totalidad del pueblo. En fin, nada humano ni inhumano les fue ajeno, basta conocer su vida y obra para comprenderlo.

Por todo ello, leer, releer y presenciar el teatro griego clásico es un deleite sublime y perenne que permite pensar y sentir un desarrollo estético, pues modela ante nosotros los símbolos de la conducta humana de todos los tiempos.