Ante el espejo

Ser humano y desarrollo

La madurez de las democracias se distingue no solo en la organización adecuada de los procesos electorales. Más allá de ello, son los actores políticos quienes propician ambientes de transformación, con entendimiento y coordinación, sin dejar a un lado las diferencias ideológicas que son propias y fortalecen la sana competencia política. El desarrollo democrático de una nación no puede comprenderse si no va de la mano con el desarrollo económico y el mejoramiento de la cotidianeidad de sus habitantes, de las personas, de los humanos.

Las reformas estructurales de los últimos meses tienen incidencia en casi todos los ámbitos del desarrollo de los mexicanos. Mejoramiento de los niveles educativos, del medio ambiente, así como el abatimiento de la pobreza son algunos de los rubros en los que deseamos ver resultados en el corto y mediano plazos. El Presidente Enrique Peña Nieto compareció ante The Economic Club of New York en donde se refirió específicamente a la Reforma Energética y la apertura del sector a las inversiones que están en marcha. Las transformaciones se han echado a andar en el ámbito nacional, pero no podemos olvidar la perspectiva global que influye en los resultados que éstas nos puedan dar.

Hasta el año 2012, el índice de inscripción escolar en educación primaria de México, según el Banco Mundial, era de 105%, por debajo del promedio de América Latina que se ubicó en 109%. Para el mismo organismo, en 2010, el índice de emisiones de bióxido de carbono fue de 3.8 toneladas métricas per cápita, por encima del promedio latinoamericano de 2.7. En cuanto a la tasa de incidencia de pobreza, en el 2012 nuestro país tenía 52.3%.

Las cifras son esclarecedoras de la situación de desigualdad que vivimos día a día. La evaluación y valoración de los cambios se dará al final de la actual administración, sin embargo, la calificación deberá ser siempre desde la óptica del desarrollo incluyente de tod@s los mexicanos, el mejoramiento del ingreso y la calidad de vida.

Las reformas no son en sí mismas una buena noticia para México y para el mundo. La clave, como en toda transformación, se encuentra en la implementación. Debe reconocerse que el paso de la inmovilidad al dinamismo indefectiblemente acarreará nuestro crecimiento económico, transitaremos del 1.1% del 2013 al 3.5% en 2015, según las proyecciones. Pero el objetivo debe ser pasar de los indicadores macroeconómicos en los que hemos sido constantemente bien calificados, a la microeconomía, a los hogares de todos, a los seres humanos.

Para alcanzar el fin de la política y del derecho, tanto estatal como internacional, que tenga como último referente al ser humano como proyecto vital, es preciso adoptar como herramientas de trabajo todos los instrumentos que las ciencias sociales ponen a nuestra disposición. Las alternativas a nuestro alcance, brindan desde el horizonte de la política el referente y proyecto vital de nuestra sociedad (personas), pues en los diagnósticos de los problemas estatales no hay cabida para generar técnicas de ocultación de la realidad, teniendo en cuenta que los instrumentos de las ciencias sociales favorecen a interpretar críticamente nuestra realidad jurídica; así las transformaciones, debe ser fuente e inspiración de impulsos y motivaciones para la dinámica política del Estado, siguiendo un proceso de creación continua que se cumple mediante las integraciones funcional y real del ser humano como epicentro de todo cambio.