Ante el espejo

¿Quién ganó?

A últimas fechas los mexicanos enfrentamos una regresión, pues no acaban por irse y no terminan de llegar viejas y malas prácticas electorales; las creíamos superadas –tanto en la teoría como en la práctica- y en los hechos solo bastaba cumplir el manual del Estado de derecho constitucional y democrático. Ello provoca que nos separaremos de una época de cambio y más aún de un cambio de época en la gobernabilidad democrática y gobernanza constitucional, la "entropía política" materializada en la violencia, inseguridad, corrupción, etc. por una buena parte de los involucrados: candidatos, partidos políticos, dirigentes, autoridades electorales, etc. lamentablemente se está volviendo parte de las tradiciones y costumbres que creíamos ya superadas.

No nos confundamos, a veces los arboles no nos dejan ver el bosque; el éxito del todo implica el de todas y cada una de sus partes. Recordemos que una elección inicia su preparación prácticamente un año antes de que esta ocurra, para que su organización sea adecuada debe cumplir ciertos estándares mínimos de credibilidad, confianza y legitimidad; y muchas veces concluye varios meses después del día de la jornada comicial en los tribunales. El multimillonario gasto de las vocerías en comunicación social en foros entre "puros cuates" (ausente de crítica en el análisis e investigación) o en las peroratas de ruedas de prensa cubiertas por comunicadores dados de alta en sus nóminas por parte de los principales responsables del desarrollo de las elecciones no borra de la memoria colectiva no solo el bajo nivel del debate entre los contendientes (difamación, calumnia, campañas negras y propaganda negativa) sino las balaceras, bombazos, atentados, etc. que no han dejado de suscitarse -y que urge eliminar- pero sobre todo la nula capacidad real de ser árbitros y mediar, corregir o sancionar para reconducir óptimamente las elecciones.

Sigamos el consejo de los clásicos pues se hace campaña en poesía pero se gobierna en prosa; la brújula que da rumbo y sobre todo identidad a la política y a sus principales representantes está mayoritariamente extraviada. La transición en un profundo proceso de transformación del sistema político, la alternancia, un cambio no solo de opción sino de modelo de concebir el ejercicio del poder público; el voto de castigo es un enfático rechazo a una no continuidad sorda y miope. De verdad reflexionemos y démonos cuenta de que ninguno de estos fenómenos se presentó en las pasadas elecciones. Quienes ganan son las élites políticas. Pierde la ciudadanía que no fue más que rehén de opciones en su mayoría recicladas entre fuerzas partidistas.

Estamos a un año de la verdadera contienda por la "joya de la corona" en política y elecciones locales, la de gobernador del Estado de México; ésta sí determinará como nunca en nuestra historia la presidencial del 2018. No olvidemos a los expertos y mucho menos caigamos en improvisaciones de soberbia, vanidad o ego; pues los más de 16 millones de mexiquenses exigimos un proceso electoral a la altura de los anteriores. Con gestión de la calidad, liderazgo, bajo costo y sobre todo resultados transparentes y eficaces.