Ante el espejo

El don de la sabiduría

En estos tiempos en los que basta echar una mirada a los medios de comunicación masivos como las redes digitales de la internet, periódicos y revistas especializadas, la radio y televisión noticiosa, podemos darnos cuenta que la civilización humana ha llegado a la cúspide de su desarrollo científico y técnico, espiritual y cultural pero que, al mismo tiempo, mantiene profundos rasgos de la barbarie como la violencia y la guerra, racismo y odio, que demuestran retrocesos a manera de crisis espirituales, profunda desorientación social que hoy más que nunca sacude los hondos cimientos de nuestras estructuras existenciales.

Es necesario que la opinión pública colabore educando el bien, amor, conocimiento y belleza para superar esos fenómenos y hechos deleznables.

De todos los posibles, múltiples y variados pensamientos, sentimientos o experiencias humanas sólo uno nos estructura socialmente y nos define individualmente: la sabiduría. La inteligencia teórica y práctica para ser responsable del infinito cúmulo informativo de cada uno de nosotr@s nos lo proporciona esa cualidad. Es decir, el hacerse cargo de sí mismo y de nuestro entorno, el ser consciente y el deber ser en el hacer.

Sabiduría es el obrar prudente, la certeza con la que no sólo se puede vivir, sino también se debe coexistir y, por la que se puede padecer o en su caso, morir. En la concepción de la vida ético-moral del ser humano resalta una división clásica entre el "don" y el "mérito", por un lado Tomás de Aquino señalando que ha sido Dios el dador (don) a los humanos de la razón que es el instrumento que nos permite discernir y seguir las leyes naturales y universales; y por el otro, Adam Smith abordando al mérito como un atributo voluntarioso que hace especial a quien realiza una buena acción que debe ser reconocida o premiada. El primero es un valor que el supremo confiere como don y no esa cualidad producto del mérito bio-sico-social.

La virtud de la sabiduría fomenta la vitalidad, y aclaro desde ahora que sabiduría, juventud y madurez también van de la mano, nada más falso que esas añejas frases: "... disfrutando a tope el licor de vida de una juventud inagotable..." "... llegar a viejo sin tener pizca de sabio..."

Lo importante es tener abiertas las puertas de la conciencia, aprovechar las oportunidades que la vida nos impone, reflexionar sobre todos los órdenes, instrumentar la capacidad, pulir la habilidad, perfeccionar la destreza. Sabiduría es sobre todo, capacidad de juicio y análisis, buen cálculo reflexivo, en fin, saberse imponer oportunamente en el momento exacto y muchas veces tener la perseverancia de realizar las cosas. Sabiduría es sortear entre la cualidad del fracaso a la calidad del éxito, demostrar la superioridad del espíritu sobre lo físico; eso distingue a los triunfadores.

Triunfador y sabio no sólo es el que tiene el conocimiento sino el que lo lleva a su cumplimiento, del orden invisible que es más fuerte que el visible. Heráclito se propuso señalar el camino a la muchedumbre de los que "actúan y hablan como dormidos". Es urgente a nivel global que lograremos con unidad y pluralidad la bienaventuranza. El arte de vivir en comunión, mentalidad positiva-asertiva-empática, en fin, cualidades regias de consejo y gentilidad.

Como personas tanto en lo individual como en lo colectivo, la sabiduría se demuestra en las actividades de la función teórico-práctica, el bien del alma-espíritu debidamente arraigado y, la razón que lleva a la felicidad. No perdamos más tiempo ni nos extraviemos más de la sabiduría.