Ante el espejo

Un Verdadero Artista

En la actualidad está bastante abaratado el concepto de "artista" y mucho más aún en el aspecto musical, a cualquier intérprete vilmente se le denomina de esta manera; sin embargo, la justicia sí existe. Inteligencia, creatividad e innovación son algunas de las características de los artistas, aunado a su enorme capacidad de inventar y sobre todo de renovarse; un artista es un auténtico clásico que nunca pasa de moda. Esa debe ser la regla, pero en ocasiones también hay personas "fueras de serie"; en los que la fama va mucho más allá de lo vocal o musical. Éstos artistas crean su propia cultura, revolucionan conceptos, rompen paradigmas y finalmente se convierten en leyendas vivientes.

En esta ocasión nos referiremos a un músico exquisito, a un cantante privilegiado; y por supuesto a un mito que ha trascendido a la música y que es reverenciado a donde quiera que este se presente: Roger Waters. ¿Qué ha hecho que éste artista -de más de siete décadas de edad- todo un ícono para la cultura mundial por más de medio siglo? Algo muy sencillo: retratar su realidad, reflejar los miedos, dolores, placeres, sueños, etc. de su generación –también subsecuentes- y "hacer conexión" con todos los demás que se hallan en las mismas circunstancias o que comparten similares condiciones. Eso ha hecho atemporal la música de Pink Floyd y de Roger Waters.

Calidad y excelencia significa el Rock de Roger Waters y de Pink Floyd, comprensión y empatía trans-generacional; pero sobre todo esperanza de que puede y debe haber algo mejor. La generación de la pos-guerra –baby boomer- enfrentó las consecuencias de los "Totalitarismos": manipulación, muerte, pobreza, sufrimiento, etc. Y es una generación producto de la lucha por la libertad, la justicia, la equidad y sobre todo la dignidad, el silencio es uno de sus enemigos y la protesta una de sus aliadas; y fue la música progresiva o sicodélica el mejor vehículo para representar (se).

La última visita de Roger Waters por muestro país ofreció mágicos conciertos en los que nos recordó obras maestras como: The dark side of the moon, Wish you were here, Animals y The wall. En los que la perfecta ambientación de voz, música, imágenes, etc. combinada con la protesta político-social generó una liturgia que conectó al icono (Roger Waters) con el pueblo masificado para ser una vez más su "redentor catárquico" que desahoga y que posibilita como él lo dijo: "un nuevo comienzo" mediante el "candor Laureano y Marino".