Ante el espejo

Potencialidades Infinitas

"... cada uno de nosotros es culpable ante todos por todo y yo más que todos los demás." Dostoievski, Fiodor; "Los hermanos Karamazov".


Si con toda seriedad nos realizamos las preguntas de ¿qué es lo verdaderamente valioso? y ¿qué nos hace auténticamente valiosos? podríamos responder que lo: a) económico (cantidad), b) estético (calidad), c) ético-moral (cualidad) o d) cultural (relación) que poseemos. Pero ahora queremos destacar al valor entendido este más allá de un ingreso económico deseable o de una ganancia real agregada, sino como una estimativa de entendimiento trascendente; con un beneficio inmanente que posibilita el encontrarnos con todos los demás. El valor y su significado de valioso es aquella identidad que nos absorbe con nosotros mismos pero sobre todo a nosotros mismos para comprendernos con todos los demás.

Una vez entendido lo anterior, todo lo demás no tiene importancia y carece de significado. La declaración "Dignitas Humanae" del Concilio Vaticano II en su numeral primero dicta que "Los hombres de nuestro tiempo se hacen cada vez más conscientes de la dignidad de la persona humana, y aumenta el número de aquellos que exigen que los hombres en su actuación gocen y usen del propio criterio y libertad responsables, guiados por la conciencia del deber y no movidos por la coacción".

Y es así porque solamente el desarrollo colectivo, el crecimiento solidario y el progreso responsable con el mundo, la sociedad y el medio ambiente producen la satisfacción de la dignidad; pues el abuso, la corrupción o cualquier otro tipo de maldad o negatividad nos alejan del decir y hacer la virtud. Y una de las más grandes virtudes de existir es el practicar el bien común como "...la conveniente vida humana de la multitud, de una multitud de personas; su comunicación en el buen vivir. Es pues, común al todo y a las partes, sobre las cuales se difunde y que con él deben beneficiarse." (Maritain, Jacques; La Persona y el Bien Común, PyBC; 1947) por medio de una técnica pedagógica de vida ya sea emulando, repitiendo o compitiendo para auxiliar al otro y preparándonos sobre todo en el rostro del otro.

El apostolado de todos –científico, político, académico, etc.- debe ser con una indumentaria ligera, pues debe responder a múltiples necesidades y variadas exigencias que deben de estar a la altura –mayor reconocimiento y agradecimiento- de los contextos de tiempos, lugares y personas que demandan nuestras capacidades e inquietudes. Hacerlo a través de una misión de convicción y por medio de nuestra vocación como ministerio, que demuestre y contagie la honestidad, la sencillez y la humildad.

Tal y como nos lo heredara en su "Testamento Espiritual" del Papa Juan XXIII donde atinadamente señala que "Nacido pobre, pero de honrada y humilde familia, estoy particularmente contento de morir pobre, habiendo distribuido según las diversas exigencias de mi vida sencilla y modesta, al servicio de los pobres... Aparentes opulencias ocultaron con frecuencia espinas escondidas de dolorosa pobreza y me impidieron dar siempre con largueza lo que hubiera deseado... Doy gracias a Dios por esta gracia de la pobreza de la que hice voto en mi juventud... pobreza real; que me ayudó a no pedir nunca nada, ni puestos, ni dinero, ni favores, nunca, ni para mí ni para mis parientes o amigos".