Ante el espejo

Paradoja de la participación ciudadana

Uno de los dilemas de la participación ciudadana es ¿Por qué la gente participa? En este tema habría que ahondar en un concepto mucho más profundo que es la "decisión". Jon Elster, asevera que el simple hecho de que las personas deleguen sus veredictos al Estado tendría como resultado la vuelta a la teoría contractualistade Hobbes. Las decisiones en el terreno de lo público se dan a través de la acción colectiva, que en nuestro caso es la participación ciudadana.

Lo anterior, nos puede llevar a una paradoja: los elementos de participación ciudadana están siempre determinados por las reglas que estipula el Estado. Bajo esta premisa se puede comprender que las disposiciones ciudadanas tienen un marco de acción restringido en un proceso de construcción que aprueba o rechaza las acciones de gobierno.

Desde un punto de vista ontológico, uno de los conflictos que presenta la participación ciudadana descansa en la afirmación de Elster: "... en la conducta de débil voluntad se rompen las conexiones propiamente causales entre los deseos y creencias de la gente, por un lado, y su acción por el otro".

La idea de la participación de los individuos se puede abordar desde los estudios de comportamiento político o desde la óptica de la deliberación. Bajo esta alternativa, es necesario profundizar sobre lo siguiente: "La participación ciudadana está frecuentemente obstaculizada por la estructura no democrática y no pluralista de los procesos decisorios políticos en las comunas. De enorme relevancia es el 'círculo de pre-decisores' que se compone de un grupo muy reducido de personas y que juega un rol decisivo, especialmente en la preparación de las decisiones locales... Este círculo reviste rasgos oligárquicos. Dentro de este núcleo se toman la mayoría de las decisiones relevantes".

Como deducción de lo anterior, se presentan algunas singularidades: a) Si aumenta la participación existe una expansión de la lentitud en la toma de decisiones; b) El incremento de los costos participativos democráticos; c) No se incorpora el valor añadido de la decisión; d) Inducción a un exceso de particularismos; e) Sólo se tiene en cuenta el cortoplacismo; y f) Deterioro y erosión de las instituciones, sociedad y partidos.

De este modo, tenemos en cuenta que no todos los ciudadanos participan o lo hacen muy inconstantemente y por otro lado ¿son monótonamente los mismos ciudadanos los que participan? O exclusivamente lo hacen para defender sus intereses.

Un inconveniente que problematiza la participación ciudadana es que según se disponga de mayor o menor información, se discute si el individuo tendrá las herramientas suficientes para emitir una deliberación política en aras de resolver algún conflicto en el que se vean perjudicadas o beneficiadas sus ganancias, en el que los mecanismos que emplea el Estado para la participación ciudadana son expresiones impersonales, donde no hay interacción.

Por eso juzgamos que la solución a la paradoja de la participación, debe ser colectiva, deliberativa y propositiva a la manera sartoriana, persiguiendo los principios de los mínimos factores socio-culturales participativos: educación básica, seguridad económica y ciertos servicios con el fin de la conquista ciudadana.