Ante el espejo

Nostalgias de mis tiempos (1 de 2)

Cada vez que regreso a la tierra que me vio crecer me surgen emociones profundas, perennes pensamientos y reminiscencias que confluyen a manera de nostálgicos recuerdos. Valle de Bravo significa vivencias sublimes y trascendentales instantes que una y otra vez conceptualizan y definen mi existencia porque su cultura, tradiciones y costumbres son obra maestra del espíritu creativo.

Quiero testimoniar diáfanamente los intercambios de valores, muchos de ellos excepcionales que fueron ejemplo eminente de sensaciones fantásticas y maravillosas para las artes y las letras, que actualmente contemplamos escasamente porque en el último medio siglo hemos construido menos gobernanza, cultura y comunidad, dejamos de educar y fomentar el tejido social.

Es milenaria la belleza asentada en tierra tan ilustre, pues mi Valle de Bravo es único, de una buena vez aclaro que no tiene segundo, ya que entre otros tantos no habría otro valle como este en nuestro mundo. Mi Valle de Bravo es gentil, húmedo y muy jocundo. He vivido y viajado por muchos lugares y ningún otro se asemeja en su importancia por todos los procesos creadores a mi terruño.

Como decía el gran Pagaza "hijo, nacer poeta es gran fortuna: y si buscas belleza y poesía mírala rielar en la laguna". Gran placer me provoca el eterno retorno a dichas aguas en mi pasión por la pesca acompañado siempre del airoso silencio; morada de grandes artistas que empiezan a extinguirse ha sido este pueblo cuya magia no es forzada mucho menos de etiqueta, sino de importancia estética viva asociada al entorno.

Me acompañan siempre la visita a todas y cada una de sus comunidades y tener presente sus suntuosas obras. Desde las icónicas pinturas rupestres en varias cavernas y barrancos de la región; pasando por las múltiples y hermosas ruinas prehispánicas asentadas por doquier; también las haciendas coloniales e independentistas como las de Pipioltepec, Ixtla, San Gaspar y San Nicolás, obras de profundo ingenio agricultor; y que decir de las magníficas casonas de la cabecera municipal, arquitectura e ingeniería netamente de orgullo nacional.

A toda civilización y más aun a sus pueblos y comunidades los distinguen del resto no solo las características geomórficas, fisiográficas o geológicas, antes bien los procesos resultantes de la interacción surgida entre éstas y sus habitantes. ¿Cuál será la magia secreta que encierra esa atracción tremenda por nuestro Valle de Bravo? no solo es la materia, es decir el terruño, el haber nacido o crecido allí, sino la patria, o sea el destino universal de tod@s aquellas y aquellos que han decidido asentarse temporal o definitivamente allí por su generosa bioclimática, de basta agua y mucho verde; de su parsimoniosa convivencia en su agreste orografía de flora y fauna eminente.

Soy fiel testigo que en mi primera juventud conocí la vida, obra y casa del surrealista Alberto Gironella; la venturosa técnica de la divina cerámica de Gordon Ross; así como de todos aquellos paisanos doctamente influenciados por los procesos del ceramismo nipón; lugar especial ocupan mis maestros de cerámica entre ellos el mítico griego Anesthis y su atrevida y vanguardista influencia; mi oriundo Gaytán con su tremenda capacidad en el torno y el banquillo; así como el viajero José Luis, magnífico en su manejo del yeso y los moldes.

Están en mí presentes las formas, colores y diversos espacios de la múltiple y variada obra pictórica que ha inspirado; como aquellas multiformes ballenas de Giordi; el paisajismo contemporáneo y abstracto de Uribe; la particular plasticidad y fotografía de Guadarrama; el retratismo fiel de Issac Ambriz; así como el muralismo contemporáneo de los Ramos y la plástica figurativa colombiana de Saldarriaga; también los óleos de Philippa Smith en el simbólico templo del cristo negro.