Ante el espejo

Libertad de expresión y tolerancia

La semana pasada fuimos testigos de un atentado terrorista en uno de los países en los que la tolerancia y la pluralidad son antonomásticas. Francia, autonombrado nación de la "libertad", mantiene flujos de inmigración de países africanos, como Marruecos, Argelia, Libia y Egipto, con población de origen musulmán que arriba en busca de elevar sus expectativas de vida, de la misma manera en que los mexicanos nos asentamos en Estados Unidos en persecución de aspiraciones y sueños. La migración es causa de la multiculturalidad propia de nuestros tiempos.

El multiculturalismo debe acompañarse de un binomio inseparable, libertad de expresión y tolerancia, que existen y prosperanen ambientes de responsabilidad colectiva y juicio individual. El ataque al semanario Charlie Hebdo en Paris, así como las posteriores agresiones a mezquitas en todo el territorio francés, son muestra de la ruptura del sentido de unidad colectiva que sustenta a la democracia comunitaria. Salvando las proporciones, conviene estudiar los paralelismos con la situación que subsiste en nuestro país.

Según el Índice Mundial de Libertad de Prensa 2014, publicado por Reporteros sin Fronteras, México se ubica en el lugar 152 de 180 países, con una calificación de 45.04 puntos. Llama la atención que Jamaica es el mejor calificado de América, en la posición 17, incluso por encima de Canadá, que ocupa la posición 18. Por su parte, Francia aparece en el lugar 39, rezagado de sus pares europeos Bélgica, Portugal, Reino Unido y España que se ubicaron en los lugares 23, 30, 33 y 35, respectivamente.

La correlación entre la existencia de conflictos –abiertos o no declarados– y la libertad de expresión, genera un contexto de inestabilidad en los medios de comunicación y éstos se vuelven blancos estratégicos para los grupos que intentan controlar la información, como ocurrió con el semanario parisino o con las 222 agresiones contra la prensa en México documentadas por Artículo 19.

La libertad de expresión debe garantizarse por el Estado, pues configura y estructura el derecho a la información. Freedom House clasifica a nuestro país como "no libre" en su Reporte Anual de Libertad de Prensa, debido a los crímenes cometidos contra periodistas que permanecen impunes. Hasta antes de los atentados del 7 de enero, Francia era un país considerado "libre" para dicha organización.

La libertad de expresión florece donde la tolerancia también lo hace. En 2014, el Gabinete de Comunicación Estratégica publicó su reporte "La (in)tolerancia social en México", en el que se destaca a la Ciudad de México como la más tolerante y a Toluca, separada de aquélla por apenas 60 kilómetros, en el umbral de intolerancia ante temas como el matrimonio gay y la adopción entre parejas del mismo sexo, pero paradójicamente en el grupo de las ciudades "menos intolerantes" al aborto.

Libertad de expresión y tolerancia son asuntos de democracia genuina, en la que los ciudadanos comparten las responsabilidades que derivan de todas las actuaciones de su gobierno y estructuran una unidad de responsabilidad distintiva que de ninguna manera involucra una unidad colectiva de juicio, pues como lo afirma Dworkin, en una democracia comunitaria, las convicciones políticas son asunto de cada ciudadano. Libertad de expresión y tolerancia deben ser actitudes compartidas cuyo éxito o fracaso colectivo depende del Estado, pero también de su aceptación y valoración en el fuero interno de los individuos.