Ante el espejo

Futuro: regreso a las ciudades lacustres

Tenemos una capital del país que refleja notablemente entre sus habitantes y espacio público diversos contrastes socioeconómicos y desigualdades educativo-culturales impactando sustancialmente en el bajo nivel de calidad de vida; pero irónicamente contamos con una tremenda igualdad -democrática- para todos sus habitantes o visitantes equitativamente distribuida en el "daño ambiental" que todos generamos, consentimos y sufrimos. La fuerte contaminación y la ausencia de políticas públicas de desarrollo sustentable (equilibrio económico, social y ecológico) que no existen o no se aplican correctamente contribuyen a que la alguna vez "región más transparente" se transforme en un caos de gobernabilidad y gobernanza.

El legendario y glorioso Valle de Anáhuac para el siglo XVI albergaba varias metrópolis como Azcapotzalco, Texcoco o Tlatelolco, y sobresalía de entre todas ellas una de las mayores ciudades de su tiempo en el mundo con más de 100 mil habitantes: Tenochtitlán. Recordemos que estaban asentadas sobre cinco grandes lagos de México: Xochimilco, Chalco, Texcoco, Xaltocan y Texcoco (por cierto, los tres últimos de agua salina), enorme cuenca lacustre que albergó no solo excelsas civilizaciones sino unas de las más grandes obras de arquitectura e ingeniería de la antigüedad prehispánica en todo el continente; destacando la "albarrada de Nezahualcóyotl" de más de 16 kilómetros de largo para mantener el equilibrio hidráulico de la zona. La "Venecia de América" fue sumamente admirada hasta la Conquista, pero bastante incomprendida a partir del "sincretismo" cultural, pues al paso de los siglos su naturaleza –flora y fauna– fue prácticamente devastada y su compleja hidrología totalmente desaguada.

En la actualidad tenemos una Zona Metropolitana del Valle de México con 60 municipios y 16 delegaciones (Estado de México, Hidalgo y Ciudad de México) con una población de más de 22 millones de habitantes. En los últimos 50 años el área urbana se multiplicó siete veces tan solo en la Ciudad de México, pasando de 230 km2 a 1,550 km2 y con más del 75% de asentamientos irregulares con uno de los niveles más bajos de áreas verdes por habitante. Se ha extraído más agua de la que se recarga, eliminándose los lagos, lagunas, ríos y arroyos; también se han deforestado las áreas verdes de sus sierras Nevada, de las Cruces, etc., y bosques como Chapultepec y el Ajusco; de igual forma se han puesto en grave peligro o hasta prácticamente extinguido su infinidad de especies endémicas.

Por ello, es urgente la aplicación de un proyecto urbanístico integral que regrese el placer de vida, el disfrute de felicidad y el gozo de alegría en vivir –y no en sobrevivir– en asentamientos humanos dignos con altos estándares de calidad de vida; donde bio-sico-socialmente nos demos cuenta de la armonía factible entre gobernantes y gobernados, sector público y sector privado en la que todos sumemos pequeños grandes esfuerzos que contribuyan a que las nuevas generaciones tengan la posibilidad de habitar un mejor lugar que el que recibimos.