Ante el espejo

Feminismo Democrático

El pasado 3 de julio se conmemoró el 60 aniversario del voto femenino en México. Si bien la del 3 de julio de 1955 fue la primera elección Federal en la que votaron las mujeres, ya existían algunos antecedentes locales, como el de Yucatán en 1923, cuando resultaron electas tres diputadas al Congreso estatal y una regidora del ayuntamiento de Mérida.

En México hay más de 57 millones de mujeres –2.6 millones más que hombres– y a pesar de ello seguimos siendo gobernados por una mayoría masculina que no refleja la tendencia demográfica que vivimos hace casi 35 años. La democracia necesita a las mujeres para preservar su autenticidad, y ellas necesitan la democracia para transformar los sistemas y las leyes que les impiden alcanzar la igualdad.

Los cambios en el andamiaje jurídico han sido lentos. El 17 de octubre de 1953 se publicó el decreto que previó el voto activo y pasivo de las mujeres. Tras veintiocho años, en 1981, fue ratificada por México la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, en cuyo artículo 7 se dispone la obligación de los Estados Partes para garantizar, en igualdad de condiciones con los hombres, el derecho a votar y ser elegibles, así como a participar en la formulación de políticas gubernamentales, la ejecución de éstas, ocupar cargos públicos y ejercer todas las funciones públicas en los planos gubernamentales.

Tan trascendental como la reforma que estableció el voto femenino puede considerarse a la del 10 de febrero de 2014 –que ocurrió 61 años después que aquella– en la que se dispuso la paridad de género en las candidaturas a legisladores federales y locales. Con lo anterior, la integración de la Cámara de Diputados en la que será la LXIII Legislatura tendrá aproximadamente a 217 mujeres, un número que representa el 43.4 por ciento de legisladores, lo que en sí mismo no es reflejo de ningún logro, pues la saliente LXII Legislatura tiene una participación femenina de 43.2 por ciento.

El deber de paridad de género en las candidaturas ya ha sido potencializado por los tribunales. Precisamente, la Sala Regional Toluca del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación emitió una resolución el pasado 4 de mayo en la que obligó a un partido político a observar la dimensión sustantiva de la igualdad, colocando a las mujeres en candidaturas con posibilidades reales de acceso al poder, es decir, en distritos donde la fuerza política es competitiva.

Pero el empoderamiento de las mujeres sigue siendo aletargado, como muestra un dato curioso: la charrería es considerada deporte nacional desde 1933 y fue hasta 1953 –el mismo año del voto femenino– que se incluyó a la escaramuza charra como suerte ejecutada por mujeres. Por tanto, es necesario que las políticas públicas aceleren su ascenso en todos los ámbitos, no como una irrupción, sino como constante evolución de su participación democrática.