Ante el espejo

Ética de la felicidad

Endemonia: palabra griega que, literalmente, significaría "un buen demonio". Sócrates dialogaba por mandato de su "daimon", y no por voz propia.

Un demonio divino o eudaimon, era el que le decía a Sócrates qué hacer y qué no, qué decir y qué callar. Así, la búsqueda del bien, la belleza, la justicia, no era un asunto personal, sino obligado por una voz "divina": El resultado del cumplimiento de esta voz interior era la eudemonia, es decir, la plenitud del ser, la felicidad.

Un buen daimon, obligaba abuscar dicho sentimiento. No todos poseían un "daimon"; por esto, la felicidad griega, es y será elitista.

Su búsqueda ha sido un tema al principio de la filosofía; sin embargo, actualmente le compete a la neurobiología, la sociología, etc.

El concepto de felicidad es equivoco. Para unos consiste en satisfacer un deseo, cumplir una promesa, tener un hijo, llegar al éxito... aún cuando solo sea episódica, comúnmente llamamos felicidad a un estado emotivo, o aun cúmulo de sensaciones agradables.

En su contexto filosófico, se refiere antes que nada a un valor moral, o mejor dicho, a un ideal. Esto es una idea que nos esforzamos en llevarla a cabo, a cumplirla aunque sepamos que no será en su totalidad. El ideal, es un impulso vital que nos permite o nos incita a seguir viviendo en la persecución del propósito como proyecto.

Por esto, nada más erróneo que considerar a la felicidad como un estado del alma, en el que se está o se es feliz una vez alcanzando su realización. Toda doctrina ética nos enseña que es una búsqueda y que para realizarla es necesario un esfuerzo (phónos), que se compone de hábito dirigido de Razón.

El esfuerzo ético no consiste únicamente en aprender un conjunto de preceptos y ponerlos en práctica. La búsqueda de la felicidad no se caracteriza por el ejercicio autómata de normas o principios éticos. No es un asunto mecánico.

Tiene que ver con un modo de vida, ¿cuál? El que cada uno lleva. Toda teoría ética es tan solo una sugerencia para que la acomodemos en nuestro vivir. Y esforzarse por vivir éticamente o perseguir la felicidad mediante el ejercicio o hábito es:

1. Esforzarnos por dejar de hacer lo que acostumbramos, ya que la moral o costumbre, son hábitos viciados.

2. Una vez hecho el esfuerzo de la Ascesis(apartarnos, suspender, alejar, poner en tela de juicio) la moral, aprender y comprender los principios que toda doctrina ética nos sugiere, y no porque fracasemos al primero o al quinto intento dejar de practicar la virtud, sino seguir analizando el fallo de porque es difícil mantenernos en el camino virtuoso.

No se puede estar pleno de felicidad, antes que nada, la satisfacción se encuentra en la práctica misma, en el esfuerzo por conseguir el buen hábito (en combatir nuestros prejuicios, temores, etc.).

La felicidad está en el camino placentero de su búsqueda, en el simple hecho de su persecución.

Por esto la felicidad y su conquista, es una tarea frustrante, porque todos apelamos al principio del menor esfuerzo. El resto de las sensaciones agradables o estados emocionales felices, no son ni siquiera algo parecido a la felicidad filosófica.

Actualmente la felicidad, el "daimon", no son más que temas de tertulia de café o un mero dato histórico, algo que todos traemos en boca aunque no en nuestra voluntad, más en estos tiempos, donde el temor predomina en el ambiente social, a todos nos conviene recuperar la tranquilidad del coexistir.