Ante el espejo

La Efectiva Impartición De Justicia Como Convicción

En una ocasión Oliver Wendell Holmes (eminente Magistrado del "Tribunal Supremo" norteamericano) iba camino a su trabajo cuando reconoció a su joven discípulo Learned Hand, lo invitó a abordar su vehículo; al llegar a su destino Hand se bajó y a la distancia se despidió de Holmes diciendo: "¡Haga justicia, Magistrado!" Holmes ordenó detener su vehículo y dirigiéndose a un Hand notablemente sorprendido le contestó: "¡Ese no es mi trabajo!". El vehículo finalmente se marchó, llevando al Magistrado Holmes a sus labores de juzgador; supuestamente permeaba en su consciencia el no hacer justicia.

La justicia no es más que uno de los muchos fines del Derecho (paz, libertad, igualdad, dignidad, etc.) pero siempre ha sido fundamental para una de las facetas de éste, como lo es el arte sustancial y procedimental de juzgar; el nivel de aplicación judicial del Derecho es una estructura institucional especializada cuyo monopolio coactivo consiste en evitar la injusticia y la ineficiencia del ordenamiento y sistemas jurídicos. En una visión tradicional el que estrictamente impartía justicia era el Legislador pues era éste el arquitecto e ingeniero de las leyes, de su contenido y efectos; y el juzgador solo un experto operador-aplicador del Derecho. En la actualidad ante vacíos, lagunas u omisiones legales los jueces son instados por las partes y sus casos difíciles o trágicos a hacer justicia, por medio del "activismo judicial" y atendiendo a una prospectiva de integridad el juzgador ya no solo declara sino que interpreta, delibera, declara o constituye –Derecho- justicia.

Como juzgador afirmo que la tutela jurisdiccional efectiva es sobre todo un ministerio de vida para con la población, que se piensa, se siente y se defiende más allá de los conocimientos y experiencia de manera ejemplar con la legitimación de todos nuestros actos y resoluciones garantizando del derecho humano al pleno acceso a la justicia pronta, completa e imparcial sin distinciones. Los Poderes Judiciales y sus jueces en un Estado constitucional y democrático de derecho estamos para brindar certeza y confianza a la sociedad, pues son los juicios y recursos instados ante nosotros el mejor instrumento que posibilita la paz pública; y la defensa del valor supremo de la verdad.

La administración de justicia se ha convertido en el mejor antídoto contra los males globales: la corrupción, la impunidad, la inseguridad y la violencia. El impartirla con innovación, excelencia y calidad pero sobre todo con un sentido humanista contribuye a alcanzar el desarrollo sustentable.

La Constitución nos impone la unidad del valor: vivir bien, ser buenos y, fomentar la virtud; en caso contrario el poder coactivo reprimirá eficazmente la ilicitud.

Los juzgadores tenemos una enorme responsabilidad intelectual y cultural pues en cada resolución se educa haciendo la diferencia entre lo justo o injusto, lo correcto o lo incorrecto, lo virtuoso o lo perverso sin que medien en ello actitudes o emociones; pues "ahí afuera" es la ética pública y la moral social el único imperativo real de una vida justa, noble y feliz.