Ante el espejo

Derecho y moral, una tensión

El hombre hace su vida amparado en la idea de mandato a preceptos que rigen el curso de los acontecimientos humanos. Las posturas que plantean el origen del derecho que se ajusta a la naturaleza, son conocidas como iusnaturalistas.

A lo largo de la historia, algunos pensadores han argumentado que esas leyes humanas tienen su origen en la naturaleza, los filósofos griegos por ejemplo, suponían un logos que armonizaba el cosmos, la tarea del alma humana consistía en la práctica de las virtudes en consonancia con la soberanía justa y verdadera de ese logos. Otros naturalistas han sostenido que las leyes humanas son el reflejo de la Ley de Dios (Santo Tomás), el cual las insertó en el alma humana de tal manera que la voluntad y la razón de los hombres las percibieran como evidentes.

Los iusnaturalistas consideran que una norma es válida solamente cuando es justa. La noción de justicia reposa sobre la idea de una ley natural y sólo sobre esta puede sostenerse la justicia, su concepto proviene del pensamiento griego cristianizado en la época medieval, fundamentalmente por la escolástica.

Con la llegada de la filosofía moderna reapareció el debate que habían mantenido los filósofos griegos y los teólogos cristianos acerca del carácter natural o no de las leyes morales. Se definió entonces a la ley natural como reglas morales innatas que los seres humanos reconocen de una manera intuitiva, es decir, sin ningún tipo de razonamiento puesto que son evidentes en sí mismas como derechos irrenunciables de la condición humana.

Es importante reseñar que, según los partidarios de la ley natural, cualquier norma únicamente será justa cuando esté fundamentada en la naturaleza, en el caso de no respetarla debe ser considerada como injusta y, por tanto, cabrá moralmente la posibilidad de oponerse a ella.

Las ideas del Derecho natural han sido criticadas prácticamente desde el inicio de la filosofía, los sofistas se opusieron a ellas cuestionado su pretensión de universalismo, lo que abrió el debate sobre la relación que existe entre la moral y la ley. La moral tiene su origen en un conjunto de reglas, convertidas con el uso, en costumbres que obedecen a una idea común como cuerpo social. Una ley puede juzgar un acto moral como injusto siempre y cuando juzgue que la conducta de un individuo atenta contra el orden establecido. Los fines de la ley y su aplicación no ha sido la misma desde que el hombre fue consciente de la necesidad de dirigirse entre sus semejantes, recordemos que Hobbes, uno de los primeros teóricos del Estado moderno, partió de la idea del Estado ordenador, civilizador y dominante. El Leviatán es la imagen del Estado que llega a legislar la barbarie de la naturaleza humana. La moral, bajo la idea de un Estado creador de leyes vendría a modificarse y pasa a ser regulada bajo el ojo del marco jurídico. Se nota aquí que la coerción del Estado produce una tensión entre moral y derecho. Aun cuando su fin, la justicia, en la teoría es el mismo no siempre coinciden en la práctica, ya que la moral parte de los preceptos de su conciencia o sus costumbres, mientras que el derecho parte de la ley escrita racionalmente.