Ante el espejo

Derecho mexicano y control de convencionalidad

El Liberalismo como corriente del pensamiento universal puede analizarse y operarse en varias perspectivas para beneficio particular y colectivo: desde el plano filosófico deliberando sus virtudes, valores y principios; el histórico con sus hechos y fenómenos trascendentes; político en sus productos teóricoprácticos bondadosos; económico y sus favorables manifestaciones que privilegian el don y el mérito, y jurídico con su responsabilidad de regulación ética, moral, etc. del orden y sistemas normativos que potencien la mejora continua de la persona y de la armonía social.

Ser liberal significa asumir un accionar permanente a fin de transformar el entorno, reconocer el valor del individuo, privilegiar el valor de las instituciones y agradecer poder ser parte -formal y material- de la seguridad jurídica justa y equitativa en nuestra esfera pública como autoridades y privada como ciudadanos.

Sin embargo, lo más importante para el liberalismo es cimentar una cultura que arraigue en costumbres y tradiciones libertarias e igualitarias, dentro de un Estado de Derecho en el que las personas se asumen parte de éste por la confianza en el sistema que provee felicidad, paz y desarrollo; y en el que los gobernantes no solo respetan sino hacen respetar su autoridad en los órdenes de gobierno.

El mundo del Derecho en sus planos filosófico, científico, adjetivo y estético se halla en evolución favorable, evidencia de ello lo es el nuevo "bloque de convencionalidad" conformado por la Constitución y los tratados ratificados por México, integrada la "Ley Suprema de toda la Unión" por valores, principios, directrices y reglas que sin estar o aparecer en el texto constitucional, se deben utilizar como parámetros para el índice de regularidad y control.

Hoy son más de 300 ordenamientos supranacionales que se añaden al texto constitucional que hacen más efectivos los derechos fundamentales: civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, solidaridad y otredad, bioética, ciberespacio y tecnologías.

Se introyecta –favorablemente el Derecho Internacional a nuestro plano nacional, como "lex" (derecho objetivo) e "iura" (derecho subjetivo) no solo reconociendo más derechos humanos, sino ampliándolos y garantizándolos; obligando a tod@s a respetarlos. Yendo de la órbita individual-personal al plano colectivo de los servicios públicos, consumidores, medio ambiente, grupos vulnerables, etc. en el que se procuran y protegen los derechos colectivos, incluso los de las personas jurídicas en el goce de derechos fundamentales encaminados a proteger su objeto social en la consecución de sus fines.

Ahora más que nunca todo operador jurídico debe estar más socializado con el Derecho Internacional, con su sistema de relaciones internacionales entre sujetos y normas, su humanitarismo y jurisdicción universal que dejan de ser cada vez menos tal, para convertirse en interno, tópicos como equity, pacta suntservanda, iuranovitcuria, juscogens, principio de interpretación conforme, principio pro personae, principio de progresividad, etc. son ahora parámetros del "control de convencionalidad", como opiniones consultivas, sentencias y jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Bienvenido el auténtico control difuso, activismo judicial y argumento contramayoritario en el sistema jurídico mexicano, asumido por tod@s los operadores jurídicos con integridad, honorabilidad y responsabilidad, con nuevo centro de gravedad en la justicia constitucional y el derecho procesal constitucional con nuevas dimensiones y metodologías, privilegiando el Estado constitucional democrático de derecho.

Hagamos de el federalismo jurídico un sistema bueno y correcto, basado en instrumentos internacionales de convencionalidad en el que la moralidad y eticidad estén antes siempre de la corrupción y la impunidad. Pues la "Ley Suprema de toda la Unión" existe en tanto es aplicada por tod@s.