Ante el espejo

Agustín y el tiempo

En el ocaso del siglo IV después de Cristo, a orillas del mar mediterráneo sobre las costas del África romana, una persona decide escribir un libro en el que argumenta sobre su vida con el único objetivo de alabar a Dios: Confesiones. Este hombre es mejor conocido como San Agustín, que vio la primera luz en el 354 de nuestra era en Tagaste (hoy Argelia) provincia romana de Numidia, ciudad en la que no sólo creció sino también se educó en instrucción básica, más tarde partiría a complementar su formación a Madaura y, finalmemente concluiría sus estudios de Abogado en Cartago (hoy Tunez). La palabra "confesión" deriva del latín antiguo: "confessio o confiteri", que durante la época agustiniana tenía tres significados: primero, "confessio fidei" en el sentido de confesar la fe frente a un Tribunal de manera abierta; segundo, "confessio peccatorum", a razón de la confesión de los pecados y; tercero y más importante, "confessio laudis" a fin de alabar a Dios. Tanto para Agustín como para todo cristiano de su tiempo, confesarse significaba afirmar la buena nueva (fe de Cristo), exponer sus pecados frente al creador (Dios) y las creaturas (resto de los seres humanos), así como lo más importante, ensalzar a Dios.

Vale la pena recordar, que Agustín antes que cristiano fue pagano y, que durante su juventud simpatizó con la religión maniquea; fue esposo y padre de familia. Más tarde en el 384 en Milán, ya como profesor de retórica y como servidor del emperador romano, acusó, procesó y sentenció a los cristianos hasta su conversión paulatina influenciado por el neoplatonismo del obispo Ambrosio.

Volviendo a la obra de Agustín, Confesiones, jamás imaginó la excelsa y compleja repercusión que tendría en los planos teológico, filosófico, científico, tecnológico, etc. Hasta nuestros días sigue siendo un referente literario fundamental. Confesiones está compuesta por XIII libros, los primeros X son una narración sobre sí mismo (de me). Del I al IX trata desde su nacimiento hasta el bautismo y búsqueda en la fe de Dios (quaero anima dei), el X es un cuestionamiento existencial del narrador: ¿quién soy? (quis intus sim) y, del XI al XIII son un análisis bíblico (de scripturis sanctis).

Pero particularmente "hoy" nos referimos al especialísimo Libro XI de las Confesiones, estructurado en 41 parágrafos en cinco apartados: Proemio (1-4) presenta la relación de lo temporal frente a lo eterno; Introducción (5-16) reflexión entre el ser creado del universo, la naturaleza temporal y el ser del tiempo; Primera Parte (17-28) cuestionamiento sobre "¿qué es entonces el tiempo?" y su comprensión por medio del lenguaje. Segunda Parte (29-38) análisis sobre la posibilidad de medir el tiempo y; Epilogo (39-31) reflexiones en torno al contraste de la eternidad divina con la finitud humana.

Muy concretamente "ahora" abordaremos sobre los parágrafos 17 al 38, en los que Agustín se pregunta por el tiempo, la paradoja del ser del tiempo, el tiempo como expansión del espíritu, el universo espiritual, unidad, género y especies del tiempo; es indispensable en su lectura una comprensión adecuada en la que no se debe perder la unidad de la obra. San Agustín fallece en 430 en Hipona (hoy Argelia), pero continúa su pensamiento entre nosotros: si uno habla, que sea con la palabra de Dios, en memoria (memoria), atención (contuitus) y expectación (expectatio), pues entre el plano humano y divino, se halla la palabra, el espíritu y el creador. El tiempo es el sentido del ser de la existencia de todo lo que fue, todo lo que es y todo lo que será.