Lo que el viento a Juárez

“Las palabras se las lleva el viento” Entiendo bien la intencionalidad de este refrán popular. Su mensaje es hacer notorio que los compromisos hechos únicamente a nivel verbal pueden ser sujetos de olvido, de nula credibilidad, o de escaso afán de ser cumplidos. No obstante, malinterpretar tal frase minusvalora el poder de la palabra, la importancia del discurso, la relevancia del lenguaje en la construcción de la realidad y en la percepción que tenemos del mundo.Nadie puede crear algo sin antes haberlo pensado, y a nivel consciente, tampoco alguien puede pensar aquello que antes no ha podido verbalizar internamente. La palabra, el lenguaje hecho pensamiento, es el cimiento de toda construcción y de cualquier interpretación humana. El lenguaje condiciona nuestro pensamiento, decía Benjamín Whorf en su teoría del determinismo lingüístico, donde la memoria y la conceptualización son determinadas a nivel semántico. Skinner, por su parte, afirma que lenguaje y conducta son mutuamente dependientes, la palabra y los actos se retroalimentan y se condicionan entre sí. Chomsky ataja: La palabra es un impulso innato del ser humano. Vigotsky aclara que el lenguaje es el resultado de una necesidad social, no sólo de comunicación sino de la construcción de las posibilidades para vivir en comunidad.John Searle explora la función del lenguaje en la legitimación de las instituciones políticas y sociales, y afirma que el lenguaje distribuye las relaciones de poder, y la palabra es el adhesivo de la civilización. Freud basa en la articulación lingüística, en las palabras, la diferencia entre el consciente y el subconsciente. En ese sentido, Jung y Freud comparten un “Dígalo en voz alta” como regla fundamental del psicoanálisis.José Antonio Marina, por su parte, afirma que las palabras articulan la subjetividad, y que un hombre carente de equipaje lingüístico se condena a sí mismo a una suerte de tosquedad vital, porque la consciencia y la interpretación de la realidad no pueden tejerse sin la materia prima que componen las palabras.Beck pone en la mesa la definición precisa de la palabra y de su contexto para evitar la llamada “equivocación hermenéutica” Ese intercambio de ideas que resulta imposible cuando no se comparte o se hace explicito el significado de los términos utilizados. Paz mostró su respeto a las palabras con un aparente, que no menos poético, sadomasoquismo “Chillen, putas”. Sabines, por su parte, colocó al amor cual genial ejercicio de redacción: “Yo aquí, escribiéndote. Tú allá, borrándome”Las palabras son hermosas, son el moblaje de nuestra razón, son herramientas de precisión ingenieril, son construcciones de magnificencia faraónica. Nada las destruye. El tiempo les hace lo que el viento a Juárez. Sí. Amamos las palabras. 


@hramos