Nos quedará el reptil

“Después de muchos años únicamente estoy seguro de que el Hombre sufre, de que tiene miedo, de que algunas veces ama, y de que va a morir”  No recuerdo donde leí o escuché tales palabras, pero sí tengo presente que son la reflexión final de un viejo, y que resultan más lúcidas que desesperanzadoras.Tengo a la mano dos libros, y debo citarlos para contextuar el argumento que me ocupa al final de esta columna. “La era de las máquinas espirituales” (Ray Kurzweil. 1998) Un libro que habla de la historia, la evolución, del futuro de la informática, y de la relación del hombre con las maquinas dotadas de inteligencia artificial. “Atrapados. Cómo las máquinas se apoderan de nuestras vidas” (Nicholas Carr. 2014) Texto que alerta sobre la extrema y ciega según el autor, dependencia que hemos desarrollado respecto a la tecnología, los algoritmos, y los sistemas informáticos, adormeciendo con ello, nuestras habilidades de aprendizaje, de razonamiento, y de interacción humana.Kurzweil y Carr no niegan los beneficios de los avances tecnológicos, ni incitan a que hagamos una enorme fogata, digamos, con todos nuestros iPhones y tablets. Pero sí plantean cuestiones pertinentes respecto a nuestra relación con los llamados sistemas expertos. Existen cuatro posturas acerca de la relación Hombre-Tecnología:1.- La tecnología siempre será controlada por los humanos y el único peligro está en el mal uso que le demos, de modo que solo bastaría con vigilar y limitar su utilización. 2.- Las tecnologías superarán al Hombre y precipitarán el surgimiento de una inteligencia no humana. 3.- Las tecnologías constituirán una superestructura autónoma y se convertirían en un competidor demasiado poderoso y peligroso para la humanidad. 4.- La tecnología es una aliada que llevará a la humanidad al bienestar colectivo en el que seres humanos y máquinas cooperarán en un mundo sostenible.Hoy, son los algoritmos quienes deciden que personas son sujetos de crédito, es el piloto automático quien opera las instrucciones en casi todo el tiempo que dura el vuelo, es un sistema GPS quien nos orienta para encontrar una calle. Hay programas que revisan exámenes y deciden cuales alumnos aprueban, y son los sistemas, los scanner, las imágenes computarizadas, quienes diagnostican cáncer y otras enfermedades.Hemos creado maquinas que quizás hasta parezcan más inteligentes que nosotros sus creadores, pero no lo son. Creo en la potestad del hombre sobre los sistemas, siempre y cuando no caigamos en la complacencia de adormecer nuestras capacidades cognitivas. Afirmo que poseemos la suficiente inteligencia para confinarlos a nuestro servicio. De ahí que no sea casual el renovado interés que la ciencia tiene para estudiar nuestro llamado cerebro reptil. Nuestros reflejos instintivos, nuestras capacidades singulares, humanas, enternecedoras. Sufrir, tener miedo, amar; y finalmente poder morir porque resulta que hemos vivido.  


@hhramos