No me preguntes cómo pasa el tiempo

Cabeceo esta nota con palabras de Pacheco, del gran José Emilio. Es el título de un libro que escribió él a sus 27 años. Un serial poético que según la crítica, “Significó para la literatura mexicana la desolación, pero también la dicha de ser joven en una época como no volvería a haber otra igual”Cuanta belleza existe en tal idea. La desolación y la dicha de ser joven. El maravilloso y tan agobiante asunto de tener toda la vida por delante, en cualquier época que siempre resulta única para todos, y para cada quien.En retrospectiva, para hablar de la juventud, de la mía, me gusta el párrafo inicial de Historia de dos ciudades, de Dickens: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada”.Ayer se cumplieron 20 años del llamado “Error de Diciembre”. No es concurso de quejumbres, pues todos tenemos nuestras historias. Pero fue la primera crisis económica, de las muchas que hemos tenido en México que me agarró con responsabilidades; con 27 años, con cuatro tarjetas de crédito hasta el tope, con dos automóviles fiados, con un empleo (muy rápido convertido en desempleo) en una Casa de Bolsa que quebró. Pero también con mi hijo todavía bebé, esa enorme alegría que sólo he tenido y tendré una vez.Las razones me las sé: Aquí algunas explicaciones que por aquellos días el Presidente Zedillo ofreció en cadena nacional: “El pasado 22 de diciembre, el Banco de México dejó de intervenir en el mercado cambiario, el exceso de demanda de divisas provocó una considerable devaluación en nuestra moneda”.“La razón principal por la cual la demanda de divisas superó la oferta fue que durante varios años las importaciones han sido mucho mayores que las exportaciones, situación conocida como déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos”. “La demanda de dólares fue mucho más grande que la oferta, y dado el uso de reservas internacionales que a lo largo de 1994 hubo de efectuar el Banco de México, se llegó a un punto en el cual ya no fue posible cubrir la diferencia con reservas propias; consecuentemente debió dejarse que el precio del dólar se ajustara libremente”.“El tamaño del déficit de la cuenta corriente y la volatilidad de los flujos de capital foráneo con que se financió, hicieron muy vulnerable a nuestra economía. Para reducir el déficit en la cuenta corriente servirán, tanto la devaluación, como más medidas de fuerte ajuste económico que inevitablemente tendrán que encarar los hogares mexicanos”.Lo digo otra vez. Con el recuerdo de la energía juvenil para enfrentarlo, con las reservas del difícil presente, con el futuro que nadie conoce: Fue el mejor de los tiempos, fue el peor de los tiempos. 


@hramos