¿De dónde nace el deseo, Clarice?

No la he visto, la veré. Tenía mis reservas. No soy consumidor de tragedias fílmicas porque con la realidad me basta. Hace unos días cené con dos buenos amigos, artistas ambos, dueños de una agencia de publicidad. La charla ramificó hacia el cine, a las conocidas obsesiones de Allen, a los 36 años ya del Sundance Film Festival. Uno apuntó sobre “Beasts of the Southern Wild”. La feliz inocencia que en medio de la pobreza tiene a la imaginación como dique contra la desolación.Un trasfondo, quise entenderlo así, no es sólo el papel de la imaginación como alienante ante una realidad, sino “la normalidad” que sobre cualquier situación percibe una mente felizmente ignorante de que existen formas alternas de existencia.Escribía Daniel Kahneman, bromeando por supuesto, y sólo para ejemplificar con un popular cliché la naturaleza relativa de la auto percepción; que el hombre más infeliz es aquel que tiene un concuño milloneta. El deseo nace del conocimiento, y de las comparaciones. Aquello que se desconoce nunca será objeto de aspiración.Pero, al igual que la ignorancia, la madurez también es un potente antídoto contra esas adolescentes aspiraciones. Dicen bien los viejos sabios que “la insatisfacción no tiene llenadera” y que “Más mejor que uno siempre habrá otra gente”. He ahí la generosidad, que tratándose de autoinflingidas contabilidades existenciales, siempre debe procurarse un hombre sensato.Viajo hacia el otro extremo. Tengo en  mis manos una revista llamada “Life and Style” La veo de vez en vez, como un feliz recordatorio de ciertas cosas que nunca tendré. Pero sobre todo, como un reconocimiento a esos objetos del deseo, artificiales sí, pero también artísticos, que ha creado el hombre para poblar la republica del mirreynato, la geografía del consumismo exacerbado.Abro la revista y aparece una fotografía frontal de un Mustang 2015. “Deja que la adrenalina fluya por tus venas” dice el festejo de los 50 años del salvaje potro. Paso la página, y una corbata Hermés avisa que la metamorfosis es sólo otra historia. Sigo avanzando, y un reloj Patek Philippe me exige; “Es tiempo de pensar en ti”. Luego, una joven rubia me espeta que el Tequila Ultra Herradura está “Más allá de la suavidad”.Stella Artoris presume 600 años de longevidad en una espumosa copa. Bang & Olufsen no da explicaciones, sólo dice “Play”. Después viene un estudio fotográfico de Eva Green, morenas curvas, largas pestañas y escenarios en rojo. Luego, un anuncio que me echa en cara no ser huésped del St. Regis hotel en Punta Mita. Y al final, me dan la puntilla: “¿Cómo evitar molestas filas en los aeropuertos? Sea dueño de su tiempo. Tenga un Lear Jet. Únicamente 18 millones de dólares el modelo básico”Mejor cierro esta revista del demonio, y concluyo esta juguetona columna. No vaya ser que me llegue una de esas crisis tipo “No he hecho nada en la vida”. Esas, de la mediana edad.  


@hramos