La mano inservible

Hace muchos años me lo contaron. No recuerdo si es una anécdota, o un mero invento. Resulta que el párroco de una colonia de clase alta desde el púlpito estuvo señalando con dureza “A los capitalistas codiciosos… A los oligarcas voraces, a los insaciables del neoliberalismo, a los atracadores de la globalización”Al terminar la misa se le acerca una señora quien le reprocha: Padre, nosotros siempre hemos sido caritativos con su iglesia. ¿Por qué ahora nos ofende con su sermón? El cura le responde con toda bondad: Querida señora, yo hablaba de los verdaderamente ricos…Los párrafos anteriores vienen a cuento porque cada vez son mayores los cuestionamientos, y la relevancia de los personajes que los hacen, respecto a los resultados que ha entregado un pensamiento económico que elevó a la categoría de dogma palabras como capitalismo, inversión extranjera, reformas estructurales, globalización, desregulación, privatización.Hace algunos años me sorprendió encontrar en la primera plana de The Wall Street Journal una apología de la doctrina marxista. El argumento era sencillo, pero poderoso: ¿Cuánto tiempo podrá sobrevivir un sistema económico donde todas las empresas buscan empleados que ganen menos, al mismo tiempo que quieren consumidores que gasten más?También, los premios Nobel de economía Joseph Stiglitz y Paul Krugman han dado cuenta en sus trabajos académicos del incremento en la desigualdad de ingresos. Stiglitz acuñó la frase “El uno por ciento” refiriéndose a la minoría más acaudalada en EUA que ha visto multiplicar 400 veces su riqueza en los últimos cinco años, al tiempo que los salarios de los trabajadores estadounidenses han crecido menos de un 15% en el mismo periodo.En las aulas de Harvard, la universidad considerada mediáticamente el emblema de la elite conservadora estadunidense, dicta clase Dani Rodrik. Un reconocido economista que hace tartamudear a sus alumnos preguntándoles: ¿Realmente funcionan las reformas estructurales para los pobres de los países en donde son aplicadas?Otra más: Thomas Piketty es un economista que se ha hecho popular por su libro El capital en el siglo XXI. En el mismo, presenta evidencias sobre la creciente desigualdad debida a la acumulación de capital en las sociedades occidentales y al fin de la meritocracia como mecanismo de ascenso social¿Qué significa todo lo anterior? ¿Vamos de regreso hacia el socialismo soviético?  No creo. Es sólo un movimiento pendular tan ideológico como empírico. Después que la teoría económica profundizó y ayudó a corregir los excesos del Estado, llega la hora de entender y corregir las imperfecciones del Mercado.  Así pues, Es claro que el paradigma de la mano invisible que transforma en beneficio común el interés egoísta del panadero resulta ya insuficiente para entender nuestro mundo. 


 @hhramos