El lugar espectacular de la noche

Nunca he leído a Stephen King, ese mercader del terror nocturno. No me interesan los best-sellers de aquellos que constriñen a la noche como el espacio donde cada quien enfrenta a sus fantasmas, donde el Hombre debe ponerse cuerpo a cuerpo y cara a cara contra sus primogénitos miedos. Me gusta más la perspectiva festiva, lúdica de muchos; donde la noche, diría Xavier Velasco, es “Uno de esos momentos claves de la existencia: cuando el mundo nos brinda la oportunidad de demostrar que somos gente madura, y resulta que nos damos el gustazo de contradecirlo”.Ha vuelto la vida nocturna a la Comarca Lagunera, y quizás no todo esté perdido para esa joven generación que vivió algunos años con el miedo de salir a los restaurantes, a los bares, a esos lugares que hoy llaman “antros”. Han visto la luz capitales de emprendedores laguneros que invierten en modernas plazas comerciales, en vibrantes corredores turísticos nocturnos, en el rescate de paseos tradicionales como la Avenida Morelos. También hay que decirlo sin perder nuestra postura crítica: La nueva administración municipal ha invertido con inteligencia para reforzar la seguridad en las calles. Bien por eso.Pero quiero escribir sobre dos autores preferidos, quienes por separado, y cada uno en su ciudad, han hecho geniales crónicas de la noche, de sus lugares y de sus personajes. Jaime Muñoz Vargas, quien en “Leyenda Morgan” nos lleva de la mano del Teniente Morgan por una narrativa “Underground” tan urbana como noctambula, tan reconocible como festiva. O en “Parábola del Moribundo” donde el otoñal Vicente Caballero recorre con sagaz ojo alegre nuestra Comarca Lagunera, sin excluir esos lugares donde diría el clásico: “Los solitarios malnegocian lo que sólo las flores pueden biencomprar”Y Xavier Velasco, con su “Luna llena en las rocas” la crónica ochentera de la noche en el DF. El Club Quetzal, aquella versión chilanga del neoyorquino Studio 54, donde entrar era redimir complejos de inferioridad social. El Caballo Negro del Fiesta Americana, El Premier, El Prestige, El Patio, El Molino Rojo, el Mocambo. Los Piano-Bar donde se venera la imagen de Agustín Lara y del Maese Manzanero. Los bares de “Sangrón´s” donde el cheque fresco de la quincena regresa ineludiblemente al magnate Slim.Pero si la nostalgia cabe en esta columna, dejo espacio para recordar a “La Rosa” ese lugar espectacular de la noche que alguna vez existió en Torreón. El Paseo de La Rosita y el Longhorns, y el Jazz Bozz que ha permanecido durante 25 años en la preferencia de los laguneros.


 @hhramos