La inexplicada Competitividad

El jugo de naranja provoca borrachera. Esa es la “conclusión científica” a la que llegaron ciertos investigadores en un experimento donde formaron tres grupos de voluntarios quienes bebieron, por separado y en grandes cantidades, jugo de naranja con Ron, con Vodka, o con Tequila. En todos los casos terminaron ebrios. Por supuesto bromeo para hacer notar que al estudiar algún fenómeno, el atributo aparente y superficialmente constante no necesariamente explica la causalidad.  Pareciera una obviedad. No obstante, la opinión pública es alegre consumidora de discursos cuya base seudocientífica bebe de esta falacia de la lógica. Recuerdo, allá por los años noventas, un libro llamado “En Búsqueda de la Excelencia” El autor, un gurú de negocios, eligió diez o veinte compañías estadounidenses exitosas, luego descubrió que todas ellas tenían por igual ciertos aspectos organizacionales y ciertas prácticas empresariales. Concluyó pues que estos atributos compartidos eran la causa raíz de su éxito, y además, recetó a otras compañías seguir tales prácticas para que, infaliblemente, pudieran ser “empresas excelentes”. Confundió pues, el necesario jugo de naranja para mezclar, con el suficiente alcohol para emborracharse.Aquí otra metáfora menos bohemia: Ícaro, aquel personaje de la mitología griega, quien creyendo que las plumas eran el suficiente atributo para causar el vuelo, se emplumó, se lanzó, y se estrelló. Luego, el hombre descubriría que la causa raíz que hace que un objeto pueda volar es la tensión controlada entre una fuerza propulsora y la mecánica de la resistencia de ese fluido llamado aire.Así pues hay teorías inmaduras, que describen características similares creyendo haber descubierto  causalidades suficientes. Creen que con esa pobre información pueden recetar un listado infalible de “Cosas por hacer” y así conseguir alegre e inexorablemente la meta deseada.La teoría actual de la competitividad regional tiene las mismas fallas que aquella, noventera, de la excelencia empresarial. Confunde lo necesario con lo suficiente, lo deseable con lo posible, y los atributos con la causa raíz. Podemos saber, a toro pasado, porque ciertas regiones o ciudades son más competitivas que otras, pero es ingenuo creer que siguiendo un libreto nos alcanzará para superar a quienes llevan la delantera. Una ciudad competitiva tiene atributos mínimos indispensables: Buen alumbrado, pavimento, drenaje, señalización, vialidad, Policía eficaz, participación ciudadana,  y un gobierno que con firmeza castigue la corrupción y no disimule las raterías. Tiene atributos deseables: Instituciones, gubernamentales y ciudadanas que promueven el desarrollo económico. Pero también hace cosas diferentes y suficientes para distinguirse de otras. Esfuerzos que logran que las personas quieran quedarse a vivir, venir a prosperar, a comprometer no sólo su patrimonio, sino también su tiempo vital en un proyecto inspirador y colectivo.