Nadar entre abogados

Acerca del trabajo de los abogados existe una abundante narrativa, ya mismo recuerdo aquel libro que me entusiasmó cuando era muy joven: “Sala de Jurados” de Quentin Reynolds; y muchos de los libros de suspenso jurídico de John Grisham, o ya en el plano mediático-popular las series de TV que tratan también de despachos y práctica legal, como “Suits” y “Boston Legal” por mencionar un par de las más conocidas.Existen muchas definiciones del Derecho, a mi me gusta pensar que el Derecho es una de las arquitecturas normativas de las relaciones humanas, y que de alguna manera los abogados son ingenieros de su buen o mal funcionamiento, una suerte de mecánicos especialistas que tratan de dirimir las inevitables fricciones en esta maquinaria social.Algunos economistas definen a las leyes como un sistema de incentivos de los agentes, como el diseño de mecanismos de interacción económica, la cual sabemos es de naturaleza social.  No soy abogado, pero en 25 años de carrera, mis actividades profesionales me han llevado a trabajar haciendo equipo con abogados, y diseñar, leer, comprender, y negociar, cientos de documentos de carácter jurídico corporativo: Contratos diversos, actas constitutivas, reformas societarias, poderes, escisiones, fusiones, adquisiciones, fideicomisos, títulos de crédito, cartas de intención, acuerdos de confidencialidad, prospectos de emisiones primarias, entre otros.  Soy de la idea que todo empresario debe tener entre sus asesores cercanos a un abogado de confianza, pues los negocios y las empresas son entes cuya naturaleza es preponderantemente jurídica.A veces, en una especie de jugarreta de Profesor desalmado, pregunto a mis alumnos en los posgrados de negocios inmediatamente al inicio de la primera clase: ¿Quiénes de ustedes han leído un acta constitutiva? Si menos de la mitad responde afirmativamente les pregunto entonces ¿Cómo pretenden administrar una empresa si desconocen su acta de nacimiento? Luego, sigo de necio con los que afirman conocer tales actas y les pido enumeren y expliquen todos los elementos que contiene el documento de constitución de una empresa. En fin, me divierto cuando me invitan a dar clases, y resulta que estos trucos pedagógicos despiertan la curiosidad intelectual de muchos.  Pues bien, dejo espacio en esta columna para recomendar un libro, se llama “Derecho y Economía: Una revisión de la literatura” Editado por el ITAM y el Fondo de Cultura Económica, y compilado por Andrés Roemer, es un conjunto de geniales ensayos de Gary Becker, James Buchanan, Ronald Coase, Oliver Williamson, George Stigler, Richard Posner, y Guido Calabresi, entre otros. 


 @hhramos