El Mundial según San Mateo

“Porque al que tiene se le dará más y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.”  Mateo 25-30


Aquí actualizo una nota que escribí hace algún tiempo. Se le ha llamado “El efecto Mateo”. Y es un muy polémico término utilizado frecuentemente en sociología, educación, y deportes. Hace alusión de que los aprendizajes tempranos y los éxitos iniciales, generalmente dan lugar a posteriores logros que incrementan consistentemente la brecha entre quienes ganan y quienes pierden.Tocado por el ambiente futbolero, navego por las estadísticas de los mundiales que la FIFA ha organizado. En este torneo únicamente han participado 78 países de los 208 afiliados, pero solo 8 selecciones han sido campeonas. (Brasil 5 campeonatos, Italia 4, Alemania 3, Argentina 2, Uruguay 2, Inglaterra 1, Francia 1, España 1).En una distribución normal, cualquier representativo nacional tendría las mismas probabilidades de ser campeón del mundo. Pero la realidad ha sido otra; sólo el 3.8%  de las selecciones competidoras ha ganado el 100% de los campeonatos. Estamos ante un caso típico de distribución asimétrica del éxito, ante un caso de desigualdad extrema.Pero así suelen ser los deportes, la distribución de los éxitos nunca tiende a la igualdad. Porque precisamente el sistema competitivo de cualquier deporte es diseñado para premiar a los fuera de serie.En la mayoría de los deportes, esta asimetría del éxito ha representado un serio impedimento para globalizar la afición a los mismos. En Estados Unidos, las ligas de futbol americano y de basquetbol tratan de resolver localmente la concentración de éxitos, mediante un sistema en el cual los equipos recientemente perdedores tienen derecho a elegir a los jóvenes más prometedores entre las ligas universitarias. Pero los directivos de la FIFA son verdaderos genios para los negocios, y han logrado que el crecimiento de las aficiones nacionales tenga poco que ver con el historial de éxito de sus respectivas selecciones.¿Cómo lo han logrado? Aquí deduzco tres (entre seguramente muchas) respuestas:1.- El Mundial se realiza cada 4 años, tiempo suficiente para que cada federación nacional recomponga la ilusión, o apueste al olvido generacional. 2.- Se ha incentivado la preeminencia de una nueva especie en el ecosistema futbolero: el aficionado puro. Quien sin nunca haber jugado, pueda construirse una mitología televisiva desde la comodidad del sillón. Por lo anterior resulta ya irrelevante para el negocio, que existan países deficientes en la producción de buenos jugadores, siempre y cuando produzcan entusiastas aficionados.3.- La FIFA ha sido reticente para incorporar nuevas tecnologías que eliminen el azar y la discrecionalidad en las decisiones arbitrales. El trasfondo parecería entonces, que este binomio justicia-injusticia en el terreno de juego permite polémicas, desahogos, y cegueras. Cosas que sabemos, no hacen sino incentivar a la afición y robustecer a la comentocracia y al negocio.  


 @hhramos